jueves, 1 de marzo de 2012

Cien años de soledad


  • Gabriel García Márquez [Colombia]
  • Primera edición: 1967
  • Novela 

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.” 

La primera vez que leí estas palabras fue hace casi seis años, en Septiembre de 2006. Hay libros que te hacen crecer, cambian tus puntos de vista, confunden todo lo que creías valido o posible y lo transfiguran por completo; este libro es uno de ellos. La verdad es que nunca había leído nada de García Márquez, el nombre tenía un vago eco en mi mente, pero no me había acercado a su obra. Mi padre compró el libro por el puro orgullo de decirme que le gustaban algunos de sus cuentos, pero creo que no hubiera dicho lo mismo de haber leído esta novela. Tal vez era yo demasiado joven, tenía doce años, o sólo ingenua; pero eso ya no importa. Inicié el libro sin convicción y tardé casi un mes en avanzar cien páginas. 

García Márquez puede llegar a ser complicado, por no decir exasperante. Yo no estaba acostumbrada a historias largas, con tantos enredos y mucho menos con tantos nombres que recordar. ¿A qué me refiero? Tomen nota: Primero hay un José Arcadio Buendía, después sus hijos, José Arcadio y Aureliano. Su esposa Úrsula, sus hijas Amaranta y Rebeca. Es un inicio sencillo, después es un auténtico vórtice: Aureliano José, Arcadio, Aureliano Segundo, José Arcadio Segundo, Aureliano Triste, Aureliano Babilona, Amaranta Úrsula, Remedios la bella, Renata Remedios, José Arcadio… Todos Buendía, todos condenados por el mismo destino. La marca de la soledad distinguiendo a toda la estirpe. Sofocándola y llevándose a todos, uno por uno, de la locura a la tumba, de la tumba a la soledad. 

Nunca he podido resumir la historia, tampoco sé cual es mi parte favorita. Cada uno de los personajes es una completa revelación, una aventura que compone sólo una pequeña parte del futuro de los Buendía. Úrsula Iguarán, matriarca de este linaje es y será siempre mi personaje preferido. Me recuerda a mi abuela en sus ademanes, en su carácter invencible y en su eterna lucha por mantener la cordura y la economía de la familia. Siempre activa, siempre en guardia, supersticiosa y temerosa de los presagios. Capaz de detener a un ejercito con puras palabras y vencedora de empresas que parecían imposibles. Una mujer creada a imagen y semejanza de la propia abuela de Márquez. 

Úrsula pasó la tranca en la puerta decidida a no quitarla en el resto de su vida. ‘Nos pudriremos aquí dentro’, pensó. ‘Nos volveremos ceniza en esta casi sin hombres, pero no le daremos a este pueblo miserable el gusto de vernos llorar.’” 

Si me demoré tanto tiempo en terminarla no fue por aburrimiento, es que sencillamente ya no sabía por donde avanzar. Cada personaje toma una decisión con la que arrastra consigo a toda la familia junta, ya sea con la completa ruina o el derroche total. No existe un punto medio, ni un límite. Macondo fue fundado por ese espíritu emprendedor que obligó a José Arcadio Buendía a escapar, junto con su esposa y otros veintiún hombres jóvenes con sus familias, del lugar de origen y buscar tierras nuevas para dejar descansar a los muertos; a Prudencio Aguilar. Fue este espíritu emprendedor el que lo llevó a realizar semejante empresa que culminaría con un pueblo derrumbado por los siglos y cuya única firma serían los árboles de castaños, curtidos por el polvo. Y este mismo espíritu culminaría en su soledad, en sus charlas con la muerte y en su completa locura. 

Su primogénito José Arcadio sería un hombre de mar. Desterrado hasta el fin de sus días, pareciera que buscaba su camino en los rumbos vírgenes del mundo. El primero de los Aurelianos se convirtió en el coronel Aureliano Buendía. El hombre más temido por el gobierno conservador, quien tuvo diecisiete hijos —todos con mujeres distintas—, sobrevivió a catorce atentados, setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento; promovió treinta y dos levantamientos armados… y los perdió todos. Endureció su corazón contra la decepción de veinte años de guerra y una esposa muerta, se apartó tanto de los caminos del amor que un eterno frío se adueño de él. Dedicó sus últimos días a fabricar pecesitos de oro y pasar las tardes sentado en el umbral de la casa observando los recuerdos pasar. 

“— ¿Cómo esta coronel? —le dijo al pasar.
—Aquí —contestó él—. Esperando a que pase mi entierro.” 

Pero no puedo decir más. Entre más lo analizo es más difícil continuar. La soledad de Macondo, la soledad innata de la familia, la espera de los gitanos con la llegada de noticias del mundo que los rodea y no logran ver. El tiempo narrativo no existe, de repente nos encontramos veinte años delante de la guerra y luego regresamos cuarenta para ver la llegada del imán. El ferrocarril y la modernidad nos alcanzan de la nada, el teléfono se nos figura un aparto inútil y estorboso porque vamos al ritmo de Macondo y Macondo no puede acelerar al ritmo de aquellos cambios. El mundo entra sin invitación alguna. Cada mañana los habitantes despiertan para reconocer esas nuevas tierras que los han alcanzado. Somos testigos de la locura de las nuevas generaciones de los Buendía, vemos la caída en picada, imparable, de la estirpe que ha sido condenada a cien años de soledad. 

Termine de leer el libro en menos de tres días y después de eso no pude alejarme de Macondo, tal vez me condene un poco o un mucho a la soledad de aquel inexistente lugar donde todo parece posible. Eso es Macondo, el lugar de lo posible porque sencillamente nadie le explico lo que era imposible. Ahora mismo lo releo por lo que será la tercera vez, lo leo cada tres años. Es un amigo que no deja de sorprenderme, a menudo un desconocido. Los secretos no se acaban, pareciera que nunca hay un final. Otros libros y otras historias de Márquez se cruzan en las agrietadas calles de este pueblo, y esto es lo que lo hace aún más real. 

Me es lejano el día en el que me negaba a avanzar en esta historia, casi pierdo el libro cuando apenas lo empezaba. Pero ahora me parece inconcebible una vida que deje pasar semejante relato. 

“La buscó sin piedad. Con la temeridad atroz con que José Arcadio Buendía atravesó la sierra para funda a Macondo, con el orgullo ciego con que el coronel Aureliano Buendía promovió sus guerras inútiles, con la tenacidad insensata con que Úrsula aseguró la supervivencia de la estirpe, así buscó Aureliano Segundo a Fernanda, sin un solo instante de desaliento.” 

Se encuentra en varias
editoriales a diferentes precios 

Disponible en:
-Gandhi
-El Sótano
-Porrúa
-Fondo de Cultura Económica

4 comentarios:

  1. ¿Por qué no hallo yo comentarios en este blog tan magno? ¿Por qué las reseñas petulantes a bodrios como El Alquimista, After o el libro de Germás tienen decenas de réplicas, pero este majestuoso artículo tiene su caja de comentarios desierta? ¿Acaso es que el ser humano es perfecto para denigrar lo que le desagrada, pero un completo ignorante para aplaudir lo divino? Por mi parte, contento de abrir las réplicas a esta reseña deliciosa, te dejaré con las palabras que escribí una vez culminé la lectura del magnus opus de García Márquez. Decir que el libro lo leí hace seis meses, y todavía hoy bailo con la crueldad emocional del Coronel (mi personaje preferido), la tenacidad de Úrsula, el dolor de Pietro, la ascensión y decrepitud de Jose Arcadio Buendía, el ánima de Prudencio, la inquebrantable moral de Amaranta, el frenesí de Rebeca, el destierro de Jose Arcadio, la opulencia y miseria de Aureliano Segundo, la condena revolucionaria de Jose Arcadio Segundo, la estirpe desteñida de Fernanda, la inocencia trabajada de Santa Sofía de la Piedad, los deseos estereotipizados de Aureliano José, el éxtasis distorsionado de Pilar Ternera, el aura triste de Gerineldo, la santidad mortífera de Remedios la bella, la ambición tirana de Arcadio, la mala suerte de los 17 Aurelianos, la carnalidad desatada de Meme, el deseo viril de Mauricio Babilonia, el credo falso del nuevo Jose Arcadio, la feminidad exótica de Amaranta Úrsula, y la triste carga que Aureliano Babilonia tuvo que llevar al enredarse con la hermana que no era su hermana... Sin más que decir, te dejo etas palabras, reitero, escritas apenas culminé la fantástica lectura:

    "Cualquier palabra o frase que pueda colocar para halagar al libro resulta demasiado corta, y podría sonar hasta ofensiva. Por eso me limitaré a afirmar que hoy, 49 años después de su publicación, no existe aún el término o la oración suficientemente elocuente y sacra para rendir tributo a esta obra. Su esplendor es tan grande que quizá pasen los tiempos y nazcan otros tiempos nuevos, y jamás hallemos un modo de aplaudir a García Márquez como se merece por su excelente trabajo. Agradezco a la divina providencia por darme este magnífico honor".
    16 de Abril de 2016 - El Genio De Konoha.

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    1. Creo que a mucha gente le asusta dar su opinión sobre obras clásicas y bien recibidas porque no sienten que aportan algo nuevo o interesante, o sencillamente creen que ya se dijo todo lo que se debía decir. Yo misma dudo mucho de hablar sobre libros como el de Márquez u otros fenómenos enormes de la literatura porque siento que no digo nada valioso; esta reseña, por ejemplo, fue más una reflexión personal y sentimental que un análisis, me da un poco de vergüenza que ande libre por el mundo, pero no siempre podemos buscar el hilo negro. A veces sólo recomendamos desde lo más sincero de nuestras almas, por el puro gusto de compartir una emoción.
      En todo caso, es más fácil y divertido destrozar ídolos falsos que abrir conversaciones con gigantes, creo yo. Gracias por comentar.

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    2. Es un placer. De todas formas, más valioso y útil es atreverse a halagar a quien lo merece, que denigrar a quien ni atención debe tener. Un abrazo.

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  2. Yo amo ese libro, pero por lo mismo de que es tan grande y me pierdo y debo comenzarlo de nuevo, es que no he podido terminarlo. Espero pronto hacerlo y que no me lleve cien años.

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