lunes, 9 de julio de 2012

La princesa de Babilonia

·  La Princesse de Babylone
   ·  Voltaire [Francia]
   ·  Primera edición: 1768
   ·  Novela corta/Cuento

Los procesos, las intrigas, la guerra, las querellas entre los sacerdotes, que consumen la vida humana, son cosas absurdas y horribles, que el hombre no ha nacido sino para la alegría, que no le gustarían tan apasionada y continuamente los placeres si no estuviese ya conformado para ellos, que la esencia de la naturaleza humana es el goce y todo el resto es locura. Esta excelente moral jamás ha sido desmentida, a no ser por los hechos.

¿Un cuento de hadas? No realmente. Debo admitir que el escenario parece derramar melaza a simple vista: un rey, una princesa, un coro de pretendientes, un forastero, un unicornio. Todo parece preparado para una narración simple y fantasiosa, algo que los niños pequeños puedan disfrutar sentados alrededor de una fogata en un campamento, o de una chimenea en navidad. Luego, como en la cita que hay allí arriba, aparece la realidad. Al darle una lectura superficial al cuento, aún es divertido para todas las edades, pero es claro —con tan sólo sumirse un poco más entre líneas, sólo un ápice— que Voltaire estaba buscando nervios sensibles dentro de su propia sociedad; no tan sólo una distracción literaria. Después de todo, éste es el hombre que escribió Cándido, y por tanto un enemigo declarado de la ingenuidad. Estamos tratando con un autor astuto, y la astucia sabe de disfraces.

La situación política en Francia —y Europa en general— no era un lecho de rosas; bueno, sólo basta decir que faltaban 20 escasos años para la revolución más incandescente de nuestra era. El colonialismo comenzaba a respirar con trabajo, y los excesos monárquicos ahogaban lentamente el vigor y la alegría de los pueblos. Lo único que quedaba era la burguesía, los placeres vacíos de los acaudalados. Era necesario hablar de igualdad, de gobierno justo, de gasto eficiente. Desgraciadamente también era muy, muy peligroso. Entonces, una princesa persigue a un forastero por innumerables tierras imaginarias y descubre, de todas las cosas, pueblos equilibrados y justos. Vaya coincidencia.

Los príncipes del norte habían comprendido finalmente que, si se quiere tener un harás, no se deben separar los caballos más fuertes de las yeguas. Habían destruido también errores no menos extravagantes y no menos perniciosos. En fin, la gente osaba ser razonable en estos vastos países, mientras en otras partes se creía todavía que los hombres pueden ser gobernados sólo cuando son imbéciles.

El lenguaje de Voltaire es el lenguaje de ese hombre despiadadamente inteligente, y sabedor de ello. Oscar Wilde y Jonathan Swift vienen a la mente como parientes cercanos. De hecho, encuentro paralelismos importantes con la famosísima —y casi siempre malinterpretada— saga Los viajes de Gulliver, firmada por el segundo. No hay que ir muy hondo, basta con cerciorarse de que ambos autores han sido leídos ampliamente como si fuesen cuentistas, cuando en realidad buscaban una reflexión profunda de la sociedad hacia sí misma, por medio de la ligera burla literaria. El hecho de que tanto ésta obra cómo su narración más célebre (la ya mencionada Cándido) sean crítica social agudísima en disfraces de la costura más elegante —sátiras hasta cierto punto— revela que el intelectual francés es un maestro del sarcasmo. No está asustado de decirle a las cosas por su nombre, simplemente lo hace con estilo, y sin violar de forma explícita las reglas del sistema que oprime a su gente. Brillantez extrema. No hay un enemigo más peligroso que aquél que te vence en tu propio juego. ¿Y qué mayor prueba de su triunfo que la fila de revoluciones subsecuentes, y los fundamentos de la sociedad contemporánea?

Formosanta, la princesa de Babilonia, es la típica protagonista de cuento. Hermosa, inteligente, y con una virtud a prueba de mil tentaciones. Su padre le busca casamiento, y para ello recluta a los príncipes más renombrados de la región, y los hace competir en una serie de pruebas. Hay uno que no es del todo despreciable, pero el corazón de la joven es robado por un extraño forastero quién llega al torneo montado en un unicornio. Su nombre es Amazán, es dueño de un ave fénix, y procede de la tribu más fantástica del mundo: los Gangáridas. Son vegetarianos, de una fuerza sobrehumana, nobleza suprema, y aparente perfección. Si hay un defecto en el cuento, es éste. Amazán es tan perfecto que cae un poco mal. De cierto modo siento que la otra pareja del cuento, la princesa Aldé y el rey de Escitia, son más simpáticos para el lector. Ella es una bella princesa, pero siempre a la sombra de su incomparable hermana Formosanta. Él es un gobernante digno y valiente, pero no perfecto como Amazán. No sé si esto fuera enteramente intencional, pero algo me dice que sí, hay un tono de farsa enorme dentro de la relación protagónica, mientras que la secundaria se siente honesta.

Sin embargo, es claro que Voltaire buscaba traer muchos de los valores atribuidos a los Gangáridas a la mesa de discusión. El buen trato a las bestias y subordinados claramente aplica dentro del marco europeo, tanto con los plebeyos del mismo país como hacia las colonias. La libertad económica que disfrutan los agricultores es un contraste inconfundible con el sistema semi-esclavista de las grandes casas monárquicas de Europa. Así, aunque Amazán y su tribu de jinetes sobre unicornios resultan un ideal inalcanzable, utópico en todo el sentido de la palabra, sus valores iluminan (no en balde se venía encima la era de la Ilustración) el camino que la humanidad había de seguir para el futuro. Parece insinuarse que, una vez que aprendamos a vivir con respeto entre nosotros, el mundo se rendirá de un modo más completo que antes, y nuestra vida será más amplia en todo aspecto. Puede que no existan las aves fénix, pero cada uno de nosotros tiene el poder de renacer. Sólo es cuestión —como lo fue en tiempos de Voltaire— de que tengamos el valor de recordarlo. La valentía para cambiar.

Todo es resurrección en este mundo: las orugas resucitan en mariposas, un hueso colocado en la tierra resucita en árbol, todos los animales enterrados en el suelo resucitan en hierbas, en plantas, y nutren a otros animales de los cuales pronto son parte de su esencia; todas las partículas que componían los cuerpos se cambian en otras diferentes.

Sólo disponible en colecciones de obras de Voltaire, hay multitud de ediciones.
Algunas colecciones:
FCE (Cuentos completos): $264
Alianza (Cuentos escogidos): $188
Quizá sería más sabio buscarlo en librerías de viejo o de rebajas, mi edición (Editorial Fontana; la que está fotografiada al principio de la reseña) costó $30

No hay comentarios:

Publicar un comentario