martes, 25 de febrero de 2014

Los cuatro acuerdos



-“Dr.” Miguel Ruin Ruiz/ Don Miguel Ruiz [México]
-Primera edición:1997
-Objeto del mal/Autoayuda/Superación personal/Tope de puerta

(N/A, esto no merece estrellas)
 
Hace un par de años alguien tuvo la genial idea de que enviarme a un psicólogo sería la respuesta a mis problemas. Viéndolo en retrospectiva, el asunto pudo haber salido peor. Pude haber regresado, por ejemplo. En realidad no recuerdo qué le dije, si es que le dije algo, pero sí recuerdo que durante dos horas un hombre que parecía recién salido de Woodstock me dio toda una cátedra sobre Los cuatro acuerdos del “Dr.” Miguel Ruiz.  Según aquél buen hombre con bata, mi problema era que mi “yo” espiritual no estaba en plena armonía con mi “yo” físico y eso me llevaba a estar en desequilibrio con el poder cósmico. Todo esto se debía a mi actitud y era mi deber estudiar cada acuerdo para poder reformarme, lograr la paz conmigo misma y con el mundo. Según él, la sabiduría tolteca transmitida por el “Dr.” Ruiz sería mi mejor guía. Para mi siguiente entrevista debía llevar el libro leído y una reflexión de cada capítulo. Todo concluyó en que las palabras de Ruiz le habían cambiado la vida, lo había hecho mejor ser humano, mejor doctor, mejor todo. Salí del consultorio mareada, desconcertada e incrédula. Viendo la contraportada, el “Dr.” Ruiz parecía más un brujo que hace limpias en el Zócalo que un sabio enviado por los toltecas. Mi desconfianza se vio enteramente justificada justo cuando me preparaba para agendar la siguiente cita: mi respetado psicólogo, el hombre que había logrado la paz con el cosmos, salía justo en ese momento de la tercera puerta del pasillo gritando que “El puto sindicato no tenía ni pinche derecho a hacer esas pendejadas” y que “Él no trabajaba a lo idiota y que se fueran a chingar a su puta madre”. Me fui sin agendar y antes de saber en qué terminó el problema sindical. Al parecer ningún acuerdo, tolteca o no, puede calmar la furia de un hombre despojado de sus días de asueto.
Con esta anécdota no planeo atacar a ningún sindicato, sólo establecer cómo llegó esta joyita a mi vida y por qué, desde el principio, me dio mala espina. Los cuatro acuerdos son un libro que nos rodea en todos los sentidos. Es de las cosas más recomendadas por los supuestos amigos que “leen mucho”, personas enfermamente optimistas y padres negligentes; lo venden en absolutamente todos lados, incluyendo el metro, y creo que hasta está considerado como libro escolar en algunos lugares. Los opiniones y resúmenes que me he encontrado por ahí no me daban explicación alguna de por qué tanta fama y reconocimiento: todos me dicen que es “maravillosos y así bien wow”; todos me resumen los acuerdos que, sinceramente, no son obviedades sino estupideces. No encontraba razones reales para volver este mi libro de cabecera, así que, aprovechando el mes, el “Dr.” Ruiz y yo nos sentamos juntos a ver quién le ganaba a quién en eso de la comprensión.

La tesis central de esta cosa con forma de libro es la de indicarnos el camino hacia la armonía y felicidad por  medio de las grandes enseñanzas toltecas. En principio, debemos reconocer que toda la vida es sueño (muy Lope de Vega el asunto) y que estamos condicionados a soñar lo que otros nos dicen. Creamos expectativas y acuerdos en ese “sueño” mental parecido al soma y somos incapaces de discernir lo que de verdad queremos. Para lograr conectar con nosotros debemos seguir cuatro acuerdos sencillos que nos llevarán a dejar de lado la banalidad del mundo. Dichos acuerdos son: 1) Sé impecable con tus palabras, 2) No tomes nada personalmente, 3) No hagas suposiciones, y 4) Haz siempre lo máximo que puedas. Una vez que logres desconectarte de tu realidad inmediata y volverte un ente lleno de pensamientos positivos y sin personalidad podrás tener plena conexión con el cosmos.
¿Vieron la película de Legos? Es lo mismo: sigue el instructivo y sonríe.
Tengo tres problemas con este libro y ninguno tiene que ver con la categoría “autoayuda/superación personal” en sí. Yo no apoyo que las personas busquen manuales de tres pasos para resolver sus problemas personales, es cierto, pero también es innegable que la imaginación promedio no da para mucho. Es más rápido buscar soluciones pasajeras que intentar desarrollar una conciencia de verdad. Lo que de verdad no apoyo es que las cosas se redacten con las patas, que vaya en círculos una y otra vez, y se les dé el mérito de ser “muy recomendables”. Tampoco apoyo que un supuesto doctor se las de de muy ancestra recargándose cómodamente en la cultura prehispánica, emita mentiras sobre la misma y justifique sus ganancias. Y, para rematar, no me es posible perdonar un libro cuyas enseñanzas resumidas son “No veo. No oigo. No hablo. No pienso. No actúo. No nada”.
Los dos primeros puntos se pueden ejemplificar con dos párrafos de algo llamado “Los Toltecas”. En inicio, no estoy segura de que esta sección haya sido escrita por Ruiz, ya que se refiere a él mismo en tercera persona, pero tengo bases para creer que sí, principalmente porque no está firmada por ningún tercero y porque no quiero creer que dos idiotas escriben igual:
Hace miles de años los Toltecas eran conocidos en todo el sur de México como «mujeres y hombres de conocimiento». Los antropólogos han definido a los toltecas como una nación o una raza, pero de hecho, eran científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. Formaron una comunidad  de maestros (naguales) y estudiantes en Teotihuacán, la ciudad de las pirámides en las afueras de  Ciudad de México, conocida como el lugar en el que «el hombre se convierte en Dios».
Éste es el primer párrafo, hasta ahora tengo un comentario, una duda y dos quejas. 1) Los adverbios de tiempo llevan coma: “Hace miles de años, los Toltecas…”. 2) No entiendo, ¿eran científicos y artistas sin nación ni raza (que no es lo mismo) pero sí con una sociedad que ya tenía una noción de pasado aunque no tuviera bases de identidad? 3) Los nahuales, o naguales, no tienen ninguna relación con los toltecas. En realidad, la palabra ni siquiera existía para ellos. Sí había una idea de la relación espíritu-persona-animal, pero esa es una que se encuentra en casi todas las culturas; no tenía una palabra establecida, y mucho menos una tradición basada en la misma. Más aún, el “Dr.” Ruiz insiste en vincular a los naguales, o la imaginaria noción de los mismos, con nociones de brujería y chamanes muy de moda en este mundo donde el dinero nos devuelve el espíritu. 4) Finalmente, ¿en qué momento de la historia los toltecas tuvieron una relación de enseñanza con Teotihuacán?* Y, mejor aún, ¿en qué momento Teotihuacán tuvo que ver con un “Dios” monoteísta antes de la conquista?
[…]Por fortuna, el conocimiento esotérico tolteca fue conservado y transmitido de una generación a otra por distintos linajes de naguales. Aunque permaneció oculto en el secreto durante cientos de años, las antiguas profecías vaticinaban que llegaría el momento en el que seria necesario devolver la sabiduría a la gente. Ahora, don Miguel Ruiz, un nagual del linaje de los Guerreros del Águila, ha sido guiado para divulgar las poderosas enseñanzas de los toltecas.
¿Se dan cuenta de lo que hizo? ¡El “Dr.” estableció su propio mito de creación! No le bastó con inventarse una carrera médica, o por lo menos utilizar la abreviatura de una, sino que además sentó su propio Génesis. Se proclama descendiente de una fuerza “guerrera” que cuenta con el poder de la palabra. ¿No les parece extremadamente generoso de su parte que se digne a vendernos su conocimiento ancestral? Y no sólo nos otorga las palabras, también el poder de ejercitarnos con ellas, o al menos esa es la premisa del “cuaderno de trabajo” que también publicó hace poco.
Y eso es sólo una miserable página del libro. Sería inútil que siguiera haciendo este ejercicio párrafo por párrafo (y me explotaría la cabeza, francamente). No obstante, si esto es la introducción, bien pueden imaginar el resto de la obra. Sus bases se sientan en una falsa idea prehispánica para continuar con degradantes consejos para el día a día. ¿Por qué este libro es tan amado? En principio, porque idealiza una cultura ya desaparecida y parece respaldarse en verdadero conocimiento histórico. Pareciera ser que quienes lo alaban no tuvieron acceso a una primaria. Pero no es sólo esta base fantasiosa la que atrae a las masas; entre sus páginas también encontramos la justificación a la “mexicanidad”, en este caso franco sinónimo de “no hacer nada”. Este libro perdona toda actitud conformista que nos tenga atrapados en un país de tercer mundo. Los cuatro acuerdos que supuestos guerreros proponen no son más que razones por las cuales debemos quedarnos en una zona de comfort. Es difícil no amar un texto que perdone la parálisis individual y colectiva.
El primer acuerdo, el ser impecable con las palabras, equivale a no decir, no hablar y no opinar. Dice Ruiz que las palabras son armas y que cualquier opinión que no sea agradable debe ser guardada en las profundidades del corazón:
¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes para crear. Son un don que proviene directamente de Dios. En la Biblia, el Evangelio de San Juan empieza diciendo: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Mediante las palabras expresas tu poder creativo, lo revelas todo. Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a través de las palabras.
¿Qué esto no era sabiduría tolteca? Sigo sin entender cómo es que los toltecas lograron apañárse una Biblia. Pero bueno, el caso es que toda palabra que no sea “productiva”, léase como “optimista/feliz” no es válida. Si opinas que el gobierno nos está llevando directo al infierno será mejor que no lo digas, porque no hay ninguna “semilla del bien” en dicho sentimiento reaccionario.
El segundo acuerdo, no tomes nada personalmente, nos despoja del oído. Es mi favorito porque se resume en un simple “el problema son los demás”. Si alguien me dice algo agresivo, algo así como “deja de ser una perfecta idiota, no todo en la vida es sexo”, está más que claro que esa persona le tiene envidia a mi vida sexual. No está preocupada de que contraiga gonorrea o algo por el estilo, sólo siembra “semillas negativas” en mi cabeza alegre. Todos tienen problemas y tratan de desquitarlos conmigo, todos intentan controlarme con sus palabras para que forme parte del “sueño” y  yo deje a un lado mi felicidad (así esta implique drogar niños pequeños o asesinar ardillas). 
El tercer acuerdo, no hagas suposiciones, declara que la vista no sirve para ver. Todos suponemos muchas cosas, pero no podemos estar seguros de nada, así que lo mejor que podemos hacer es sacarnos los ojos y callarnos la boca, porque cualquier suposición que no sea correcta nos llevará a sembrar nuevas “semillas negativas”. Esto es Descartes y el “desconfía de los sentidos” llevado al extremo del extremo; no puede haber pluralidad en nuestra interpretación del mundo. Sólo existe una única verdad en el curso de acción que nos rodea, y si no sabemos cuál es lo mejor es no suponer nada. Como no suponemos entonces no actuamos, por lo que no escuchamos el rumbo de las cosas y no abrimos la boca para dar inicio a un cambio. Todo esto nos guía al cuarto acuerdo: haz siempre lo máximo que puedas. Haz siempre el máximo esfuerzo por olvidar tu realidad inmediata y concéntrate en sembrar pensamientos positivos y realizables. Si la máxima de tu día es ver la novela de las ocho entonces no puede haber nada mejor que esa novela, no importa lo que los demás digan. Si eso te hace feliz entonces quédatelo. No tienes que salir a buscar ninguna nueva convicción fuera de lo que ya tienes. ¿De qué te serviría si sólo estarías suponiendo cosas? La incertidumbre no va con este conocimiento tolteca, todo es blanco y perfecto, si algo es negro o gris estás teniendo una interacción negativa con tu ambiente.
Y luego dicen que las novelas son escapistas. No señores, esto es escapismo puro. Es la completa desambiguación de “pobre pero feliz”. El conformismo nos está matando y libros como éste no hacen más que alentarlo. Me perturba el grado de atención que recibe Ruiz (que tiene de doctor lo que yo de astronauta) y el número de personas dipuestas a creer que todo está bien sólo con pensarlo así. Al final de muchas reseñas que he encontrado, los autores dicen: "¿qué esperas para reflexionar y ser feliz?" Pero yo no puedo evitar decir: ¿en qué momento comenzamos a confundir la ignorancia con la felicidad y la comodidad con la plenitud?

 * Aún peor, los toltecas florecieron siglos después de la caída de Teotihuacán; Ruiz se está basando en una malinterpretación del trabajo antropológico de Sahagún, en el que la construcción de la ciudad es atribuída a los toltec, palabra náhuatl que simplemente significa artífice del mayor grado. Nada que ver con la civilización. [DVX]

8 comentarios:

  1. Desearía ser Malfoy en este momento. Si fuera Malfoy mi padre se enteraría de esto y vaya que lo disfrutaría, jajaja. Pero no puedo desear reir a expensas de mi padre, porque mi risa, como mi palabra, estaría sembrando semillas del mal en su corazón y el pobre ya tiene muchos problemas (por ejemplo, estuvo firmemente convencido -y creo que todavía lo está- de que este libro dice puras verdades) como para andarle echando hechizos malos (creo que el libro también menciona algo así como que todos somos brujos y magos de la palabra... creo, pero mejor no haré la suposición). Pero bueno, ahora que ya todos compartimos este gran trozo de sabiduría, haríamos mal en ir por el mundo recomendándole a la gente este libro. No es como que sea útil, así que de acuerdo al primer acuerdo (uuuggghhhh... que mal suena eso), si no vale la pena mencionar nada que sea lindo y feliz, ni para que mencionar el libro. *sighs* En fin. Saludos, muchachos. :)

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  2. En las preparatorias (Colegio de Bachilleres) es obligatorio leer Los cuatro acuerdos, El alquimista, Quiobole y los 7 hábitos. Esa basura de libros son parte del programa educativo de la asignatura de "orientación escolar". Pfff

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  3. Waaaaahhhhhnsinn! Si ahora resulta que el wey-wu-wey fue practicado tb por los Toltecas, no, si ya le encontraba yo en el nombre cierto parecido, ttsiiiisss! Toltecas, taoistas. Aquí dejo refugiado el XXIII de Lao Tse, claro que nada que ver la transcripción con su belleza en chino, en él las palabras flotan en el vacío.

    Economizar las palabras
    es lo natural.
    Un ciclón no dura una mañana.
    Ni un aguacero se prolonga
    todo el día.
    ¿Quién los origina?
    El cielo y la tierra.
    Si ni siquiera cielo y tierra consiguen algo permanente,
    ¿cómo podría lograrlo el ser humano?
    Si tu conducta busca el Tao,
    te harás uno con el Tao.
    Si tu conducta busca la virtud,
    experimentarás la
    virtud.
    Si tu conducta busca la renuncia,
    experimentarás la renuncia.
    Si te haces uno con el Tao,
    el Tao te dará la bienvenida.
    Si experimentas la virtud,
    la virtud te acogerá.
    Si abrazas la renuncia,
    la renuncia no te abandonará

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  4. A que estar prevenidos de ciertos discursos; de las buenas nuevas de los otros.

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  5. Nunca leíste sobre el judaísmo y el poder de la palabra. Lo que dice en si libro ya fue escrito por miles antes que el. Metafisica pura.ley de atracción. Y hoy en día comprobado por la neurociencia.

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  6. Nunca leíste sobre el judaísmo y el poder de la palabra. Lo que dice en si libro ya fue escrito por miles antes que el. Metafisica pura.ley de atracción. Y hoy en día comprobado por la neurociencia.

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    1. Si las palabras tuvieran el poder que crees que tienen, yo ya sería millonario y la palabra "metafísica" —de tanto que gente como tú la usa mal— ya significaría lo que tú crees que significa, pero ya ves, ni la una ni la otra...

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  7. Qué curioso, nunca he leído ese libro (y ahora que leí tu reseña no planeo hacerlo) pero sí me he llegado a cruzar con los famosísimos acuerdos en dos que tres panfletos. Cuando los vi por primera vez me parecieron una buena idea, quizá por una inconsciente falacia de autoridad al ver que estaban redactados por un supuesto doctor; Así que comencé a pensar en ellos, o más bien en las meras oraciones y les dí yo un significado, quizá igual de ingenuo, pero distinto.
    Sé impecable en tus palabras = piensa antes de hablar
    No tomes nada personal = toma las criticas de una forma reflexiva y constructiva
    No hagas suposiciones = no creas todo ciegamente y trata de estar seguro de lo que piensas
    Haz siempre tu máximo esfuerzo = supongo que esto sí lo tomé literalmente.

    Saludos y gracias por tu reseña

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