lunes, 11 de septiembre de 2017

Opus Nigrum

-Marguerite Yourcenar [Bélgica]
-L’œuvre au noir
-Primera edición: 1968
-Novela

Más allá de aquel pueblo, hay otros pueblo; más allá de aquella abadía, otras abadías; más allá de esta fortaleza, otras fortalezas. Y en cada uno de esos castillos de ideas, de esas chozas de opiniones superpuestas a las chozas de madera y a los castillos de piedra, la vida aprisiona a los locos y abre un boquete para que escapen los sabios…. ¿Quién puede ser tan insensato para morir sin haber dado, por lo menos, una vuelta a su cárcel?

En sus cincuenta y ocho años de vida, el arquitecto italiano Giovanni Battista Piranesi realizó alrededor de dos mil grabados de edificios y paisajes reales e imaginarios para los cuales no nos alcanza la vista. Uno bien podría pasar el día observando una sola de sus obras sólo para descubrir a la mañana siguiente que ha pasado por alto un detalle que conduce a otro espacio: una ventana entreabierta que vulnera alguna intimidad, una cadena que sube por un pilar y nos hace notar un intrincado bajorrelieve, una escalera que conduce a otra y otra y otra más. Entre sus trabajos destacan Le Carceri d'Invenzione (Las prisiones imaginarias), serie de dieciséis grabados donde transformó las ruinas romanas en calabozos, túneles, abismos y escalinatas que no van a ninguna parte y que ponen a prueba la entereza mental de quien los observa. Se preguntaran qué vela carga el italiano en este entierro llamado reseña, y la verdad es que una más bien grade: según Georgia Hooks, Yourcenar estudió la técnica y composición de la obra de Piranesi por más de dos décadas, y es en Opus Nigrum donde finalmente puso en práctica todo lo aprendido durante su larga observación. El laberinto demencial se construye esta vez con capas de filosofía, historia, alquimia, medicina y teología que pueden despistar fácilmente al lector.

¿Qué se esconde bajo toda esa aparatosa maquinaria?, ¿cuál es el propósito de la historia?, ¿en qué deberíamos concentrarnos? Hooks nos indica, con bastante razón, que no existe una respuesta correcta para tales preguntas porque justamente el engaño tramposo es que éstas no deberían existir. Tras cientos de detalles e imágenes que recorren la obra se esconde una escena primordial que desencadenada todo: la de un simple hombre batallando contra su época. Pensado así, Opus Nigrum es un pretexto para recargar de sentidos ocultos y reflexiones sin conclusión una obra de arte que nunca se acaba de construir: el ser humano. Nuestra vista se debe fijar no tanto en la secuencia histórica que nos ofrece la autora, sino en la transformación alquímica que sufre un individuo llamado Zenón, la cual está estrechamente relacionada con su época pero no es exclusiva de la misma. Puede que sea en esta novela donde Yourcenar despliega de la manera más magistral su conocimiento (y entendimiento) histórico al retratar la esfera pública durante el periodo de transición entre la Edad Media y el Renacimiento —el mundo habitado por Zenón y su familia se encuentra en un dramático problema religioso con la Reforma Protestante, así como una ola de violencia proveniente del conflicto entre Francia y España—, pero  también es aquí donde mejor expone el abismo que es el hombre en su esfera privada: la mente atrapada por la prisión del cuerpo, obstruida por la perspectiva y la subjetividad; el alivio y la condena de la introspección; la infelicidad y pureza del ser sin patria ni nacionalidad; la putrefacción y el consuelo de no contar con nadie más que uno mismo.

Casi le parecía haber insultado a las infinitas posibilidades de la existencia renunciando tan largamente al ancho mundo. La trayectoria del espíritu, abriéndose un camino en el envés de las cosas, conducía con toda seguridad a unas profundidades sublimes, pero hacía imposible el ejercicio de existir.

En un primer momento, Opus Nigrum puede considerarse una novela de aprendizaje, también conocida como Bildungsroman. En ella somos testigos de la transición de la juventud a la vida adulta del médico y alquimista Zenón, ubicada en Flandes entre 1510 y 1569. Etiquetarla de esta manera tiene sus ventajas pero también sus riesgos: por un lado, cabe recordar que este tipo de novelas tuvo su inicio más claro durante el Renacimiento, justamente, y podría equipararse el viaje físico y mental de Zenón con el crecimiento de la propia historia humana al avanzar de una etapa histórica sumamente supersticiosa (casi infantil) a otra donde existe mayor consciencia del hombre y su relación natural con el mundo (casi adulta). Por otra parte, el género tiene una relación estrecha con la palabra juventud, y en ese sentido es difícil pensar en Zenón como un joven, pues aunque su viaje inicia cuando apenas tiene veinte años su actitud y palabras siempre son las de alguien mucho mayor. La categoría también se complica un poco al momento de pensar en el desarrollo total de la narración: las novelas de crecimiento suelen detenerse cuando el protagonista ya ha enfrentado sus batallas y vuelve a casa para hacer un uso espectacular de su recién adquirido conocimiento en pos del bien común —desterrar a un tirano, asesinar a un dragón, detener un desastre—, pero en el caso de Zenón, su regreso a Flandes sólo puede entenderse como derrota; el conocimiento adquirido, como una sentencia de muerte.

Es precisamente el regreso a casa el que termina con la ilusión del tranquilo Bildungsroman y nos echa en cara que los crecimientos personales no sirven de nada si no le son útiles o cómodos a la esfera social que los rodea. Concluida la primera parte del libro, “La vida errante”, Zenón ya ha pasado por la Facultad de Medicina de París, ha servido como médico de la peste, ha navegado el mar Nórdico, ha desarrollado importantes investigaciones sobre el cuerpo humano y su nombre ya es leyenda por todo el continente, pero nada de esto le es útil o glorioso a su vuelta en Brujas por el simple hecho de que no hay tirano que desterrar, dragón que asesinar o desastre que detener. El crecimiento de Zenón fue puramente intelectual y metafísico, sus habilidades son abstractas y, hasta cierto punto, narcisistas, pues la introspección no le sirve a nadie más que a él. Se pensaría que sus conocimientos médicos podrían serle útiles a una zona recién consumida por la peste, pero lo cierto es que nos encontramos en una época donde la medicina y sus practicantes tenían constantes roces con la iglesia. Tenemos entonces a un héroe que vuelve a casa sin ser heroico a pesar de sus hazañas (o por culpa de las mismas) y dos tercios del libro aun nos esperan.  Tomando un nombre falso y curando enfermos de la clase baja, Zenón entra a una nueva etapa donde la peregrinación y el perfeccionamiento propio que caracterizaron su Bildungsroman son sustituidos por el encierro y la rutina aletargante de un hospicio en Brujas. Titulada “La vida inmóvil”, Yourcenar nos presenta con la revolucionaria idea de que todavía queda vida por vivir después de la juventud y de los muchos descubrimientos que se hacen en ella, una vida más bien larga y posiblemente aburrida donde el potencial máximo parece cada vez más inalcanzable y las expectativas menos prometedoras. Curiosamente, el mercenario Henri-Maximilien, quien inicia su viaje de descubrimiento y exploración al mismo tiempo que Zenón, no regresa nunca a la vida inmóvil de su natal Brujas, a pesar de haber desarrollado conocimientos que pudieron serle útiles a una ciudad atrapada entre fuegos cruzados y tampoco concluye su propio camino de conocimientos, pues su Blasón del cuerpo femenino termina en el fondo de un foso.

Si bien Zenón sigue desarrollando su conocimiento del mundo a pesar de su alejamiento de la urbe intelectual, sus propias reflexiones lo conducen una y otra vez hacia la misma conclusión: su agobio no viene de la rutina ni de su encierro autoinfligido, sino de la propia condición humana; no le es posible liberar su mente de la percepción. A pesar de intentar ejercer una doctrina estoica de la ley natural, el universo en su conjunto y el conocimiento sobre él se le escapan debido a lo limitado de sus herramientas. Hay un abismo que lo condena a la repetición y que en sus infinitas curvas lo acerca y aleja del conocimiento que anhela.  Irónicamente, esta angustiosa barrera de los propios sentidos orilla a Zenón a recluirse cada vez más, a habitar espacios más y más pequeños. Cabe resaltar que en Opus Nigrum, el espacio físico que ocupan los personajes es de vital importancia, pues sirve como metáfora de las condiciones mentales de quienes lo habitan. No es coincidencia que el último capítulo se titule “La prisión” y la última escena transcurra en una celda, tampoco son adventicios  los lugares donde, poco a poco, han ido sucumbiendo o elevándose los familiares de Zenón: algunos consumidos por la locura de una revuelta religiosa en Münster, otros disfrutando de las ganancias que producen los negocios en Forestel. Las diferentes historias que cuenta la novela hacen parte de los demenciales laberintos que inspiró Piranesi y todas ellas coinciden con la de Zenón: mujeres y hombres enfrentados a su época, viviendo el abandono de un mundo cuya ley religiosa está decayendo debido a la Reforma y en donde aún no se ha fraguado una nueva brújula que le dé sentido a la vida. Todos ellos se enfrentan a alguna clase de encierro, pero es Zenón el único que escapa de él por su propia voluntad, el último sonido del que somos parte es el de un chirrido y el ruido estridente de una puerta que se abre: la sustancia ya se ha separado y disuelto, y al librarse de las ataduras de su cuerpo, Zenón trasciende hacia un plano que no logramos ver en aquella grandiosa pintura.

Era natural que una visión del problema que se alejaba de las toscas evidencias del sentido común desagradara al vulgo: sin ir más lejos, Zenón sabía por sí mismo cómo la noción de una tierra que se mueve rompe las costumbres que cada uno de nosotros adopta para vivir; él se había embriagado de pertenecer a un mundo que ya no se limitaba a la covacha humana; a la mayoría, aquel ensanchamiento le producía náuseas. 


Nota: Durante la realización de esta reseña hice una pequeña investigación que puede llegar a ser útil para comprender mejor los orígenes históricos del personaje de Zenón y el contexto en el que se desarrolla la historia. Aunque insisto en que el tema de la novela no son ni la historia ni la ideología, y que todo el caos histórico es un mecanismo que sirve a la trama de Zenón, creo que hay cosas que vale la pena saber sólo para alimentar la curiosidad. Dentro de la reseña ya hay algunas ligas que pueden resultar de interés, pero aquí dejo  algunos datos resumidos:

-En el tiempo en que transcurre la novela ocurren tres hechos históricos importantes: la Reforma Protestante, la Contrarreforma y el Concilio de Trento (que puede verse como máxima expresión de ésta última).

-Zenón (1510-1569) está inspirado en la vida y obra de varios personajes históricos de la época como Leonardo Da Vinci (1452-1519), Paracelso (1493-1541), Étienne Dolet (1509-1546), Miguel Servet (1509-1553), Andrés Versalio (1514-1564), Giordano Bruno (1548-1600) y Tomaso Campanella (1568-1639). Si tuviera que señalar quiénes tienen mayor relevancia para la historia, apuntaría a Servet y a Bruno. Al primero no sólo le debemos su investigación sobre la circulación pulmonar, sino un extenso trabajo teológico que puso sobre la mesa que el dogma de la Trinidad carece de bases bíblicas al no encontrarse en las escrituras. Fue acusado de herejía y murió en la hoguera, su juicio y muerte se consideran el arranque de la discusión que concluiría en el reconocimiento de la libertad de expresión y pensamiento. Por su parte, Giordano Bruno expuso que el universo habría de contener un infinito número de mundos habitados por animales y seres inteligentes, esta misma idea es retomada por Zenón durante su juicio y es una de las principales razones para su encarcelamiento. Bruno fue acusado de herejía y al igual que Zenón se negó categóricamente a renunciar a sus teorías, aun cuando esto pudo haberle salvado la vida. En el caso de Dolet, éste de hecho aparece en la novela como editor e impresor del libro de Zenón y otros muchos autores prohibidos.

-Zenón comparte su nombre y parte de su estilo de vida con el filósofo Zenón de Citio (circa. 30 a.c), fundador del estoicismo. Zenón de Citio creía en alcanzar la libertad y la tranquilidad siendo ajeno a las comodidades materiales y la fortuna externa, dedicándose a una vida regida por los principios de la razón y la virtud. La veneración al logos puede encontrarse dentro de la novela en la visita que el Zenón de Yourcenar realiza al bosque y donde comparte la noche con una familia “salvaje”.

-La historia que se cuenta sobre Münster, y que involucra a Hilzonde y a su hija, se conoce como “La revuelta de Münster” y el sistema económico y político adoptado por  este movimiento se considera una forma de protosocialismo. Todos los líderes mencionados en la novela están basados en personas reales que sucumbieron a la locura colectiva entre 1534 y 1535.  Las jaulas de los líderes aún pueden  verse colgadas en la torre de la Iglesia de San Lamberto.

-Al principio de la novela se menciona que Henri-Maximilien no sabe si enlistarse“en las tropas del Emperador o en las del Rey de Francia” y tras lanzar una moneda “el Emperador perdió”. Esto hace referencia al conflicto que se vivía entre España y Francia entre 1521 y 1526, y que hace parte de las Guerras italianas: tras la muerte de Maximiliano I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos I de España fue designado como su sucesor, formando un estado que ocupaba casi la mitad del territorio europeo; él es el ya mencionado Emperador. Francisco I de Francia, que había optado a la sucesión del imperio de Maximiliano, aprovechó la invasión española de Navarra para comenzar una guerra contra España; él es el Rey. las tropas francesas marcharon hacia Italia con el intento de desalojar a Carlos I de Nápoles. 

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