sábado, 17 de marzo de 2012

Rant


·  Chuck Palahniuk (E.U.)
·  Primera Edición: 2007
·  Novela

¿Alguna vez has visto a amigos que reconoces ser acribillados por la policía en cámaras de tiempo real? ¿Alguna vez te has visto atrapado en un mundo en dónde eres la peor pesadilla de todos?

Una de mis grandes frustraciones siempre ha sido la tardanza con que las editoriales traducen libros interesantes al español —si es que algún día lo hacen. Muchas obras deseables, inteligentes y loables se quedan en la ignominia para que el mundo hispanoparlante pueda tener Ghostgirl y Twilight, y eso no me parece justo. Va más allá del típico “es un mal libro/deberían leer algo de verdad.” Es una cuestión de espacio desperdiciado en los libreros.

Todo esto viene a colación porque uno de los ejemplos más fehacientes que hasta hace poco tenía era la terrible distribución de libros de Chuck Palahniuk. Para quien no lo conozca, es el autor de El Club de la Pelea, nada menos. Pero esto no impidió que me fuera imposible conseguir algo suyo en librerías por más de un año. Afortunadamente, en los últimos tiempos algunos editores han despertado, y han surgido traducciones e importaciones. Pero yo no sabía que así iba a ser cuando encontré una copia de Rant y la sostuve en mis manos. Para mí era un evento raro; tanto como la portada, que muestra un corazón deformado y una ‘R’ estilizada sobre un fondo blanco. Palahniuk era alguien a quién siempre se me había negado leer, a excepción de historias cortas por internet. Como tal, yo tenía todo el interés del mundo, pero no sabía exactamente qué esperar. Sabía que era un transgresor, un tipo que rompe las reglas y convenciones aparentemente sólo para reírse de sus críticos. Pero no sabía que fuera, además, de una inteligencia tan aplastante.

La novela inicia con una pregunta plantada a media página, a la deriva —lanzada al aire sin ser atribuida a nadie. Es una pregunta fácil. ¿Alguna vez has deseado no haber nacido nunca? Y bueno, mi respuesta es sí. No es por ponerme de emo ni nada por el estilo (para eso tengo otros momentos y espacios), simplemente creo que es un deseo común. Es algo que uno piensa cuando descubre nuevos niveles de sufrimiento, por lo general. Y claro que hay sufrimiento en el libro —todos los buenos libros deben tenerlo—, pero reconsiderándolo creo que la pregunta no iba por allí. Para nada. No sé de qué diablos se trata este libro, pero mi mejor presunción es que tiene que ver con el tiempo y su relatividad. Pero eso es una línea muy vaga, la verdad es que estas páginas son un vórtice indefinible. Son como meter la cabeza en una licuadora; pero, eso sí, de una forma gloriosa.

Pregúntense: ¿Qué desayuné hoy? ¿Qué cené la noche de ayer? ¿Se dan cuenta de lo rápido que la realidad se desvanece?

El mundo, al principio, parece el nuestro. La historia se abre con el testimonio (toda la novela se compone de testimonios, como si un entrevistador omnisciente hubiera reunido las versiones de todos los implicados, excepto del protagonista) de un simple vendedor de autos usados. Relata cómo durante  un viaje en avión conoció al padre de un tal Rant Casey: “la andante y parlante arma biológica de destrucción masiva.” Sin embargo, pronto se nota que el espacio en que este peligroso personaje —con inmunidad a la rabia y una tendencia sociópata a esparcirla— se desarrolla está modificado. La población está dividida entre diurnos y nocturnos, y los unos tienen prohibida la salida durante la parte del día que corresponde a los otros. La historia transcurre, en su meollo, dentro de un submundo que se forma en la sociedad nocturna: el mundo de los party crashers. Ellos son un club —cosa similar a la ya mencionada obra anterior de Palahniuk, Fight Club— que sale en automóviles por las noches a chocar unos con otros sólo por la diversión y el caos. O eso parecería.

En la escuela nos enseñan que 2+2=4, y que E=MC2, y que por lo tanto la velocidad de la luz es la necesaria si uno quisiera viajar en el tiempo. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si hubiera otra velocidad, combinada con otros factores? Factores biológicos, temporales, místicos… ¿Y si todo dependiera de un desastre automovilístico? La novela es claramente una obra de ficción, incluso rozando las fronteras del sci-fi, pero les juro que por un breve instante sentí como si me estuviera revelando una gran verdad escondida. Así es: después de tanto tiempo y tantos libros, llega alguien hablando de viajes en el tiempo y sus implicaciones imaginarias, y me la creí.

Estilísticamente, Chuck Palahniuk no escribe bonito. Eso lo aprendí desde su espeluznantemente atrevida historia corta Guts. Pero sí es muy dinámico y emocionante. Sus personajes rebozan de defectos e idiosincrasias; no son recortes de cartón que sirven su propósito en la trama y ya. Se mueven, crean misterio, arman escándalo, tienen sexo, meten bolitas de aluminio en la comida para lastimar a sus invitados, se dejan morder por serpientes, estafan al ratón de los dientes, y explotan en hermosas e incomparables bolas de fuego.

No sé a quién recomendarle esto. Se necesita una mente muy abierta, pero no demasiado más. No necesitas expectativas ni conocimiento previo mayor. Eso es lo mejor que encuentro de este libro, además de su espíritu rebelde. Toca algunos de los temas más estúpidamente complicados de nuestro mundo e imaginario, pero lo hace de un modo hilarante, moderno y legible. Porque en el fondo, a pesar de tanta teoría, no es una novela de sci-fi. No es una distopía ni una visión del futuro. Es la historia del miedo que se tiene al paso del tiempo, a la mortalidad, y de los extremos beligerantes a los que algunos pueden llegar para evitar difuminarse en la nada.

Todo lo que digo es esto: ¿Qué tal si el tiempo no es el frágil ala de mariposa que los expertos siempre dicen? ¿Qué tal si es como una valla de eslabones metálicos; algo que a duras penas podrías arruinar?

Random House/Anchor Books (Edición en Inglés): $129
Disponible en:
- Gandhi

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