miércoles, 20 de febrero de 2013

Las desventuras del joven Werther


  • Die Leiden des jungen Werther
  • Johann Wolfgang von Goethe [Alemania]
  • Primera edición: 1774
  •  Novela epistolar
Si me preguntas cómo es la gente de este país, te diré: “Cómo la de todas partes.” La raza humana es harto uniforme. La inmensa mayoría emplea casi todo su tiempo en trabajar para vivir, y la poca libertad que les queda les asusta tanto que hacen cuanto pueden por perderla. ¡Oh, destino del hombre!

Que somos una manada de románticos reconfigurados no es secreto. Todavía creemos, dos siglos tras el advenimiento de su forma de pensar, que los artistas verdaderos siempre sufren y son excéntricos. Todavía creemos que el amor, y toda pasión sentimental bien intencionada, son merecedores de llevarse hasta las últimas consecuencias. Todavía creemos en nuestra innegable individualidad, y derecho a ser nosotros mismos, a rebelarnos. Pues bueno, por si no lo tenían en cuenta, todas estas nociones vienen de un lugar muy definido —de un movimiento alemán llamado Sturm und Drang, sí, pero en particular de un escritor y de un personaje. Werther es uno de los formadores de nuestra mente, y una cantidad perturbadoramente baja de gente lee su historia.

Esto no siempre fue así. Tras la publicación original del libro, los jóvenes comenzaron a vestirse a la usanza de Werther, con frac azul y chaleco amarillo. Otros, lo que es más grave y atormentó a Goethe un buen rato, cometieron suicidio tan sólo para sentirse tan atormentados como el personaje —para acompañarlo en su dolor tan personal, hondo, irresoluble. Los románticos parecen sufrir y anhelar imposibles con la misma naturalidad con que uno bebe vasos de agua, y Werther es el romántico mayor. Si ustedes tienen un amigo que lee solitariamente bajo los árboles, que dibuja paisajes o retratos a carbón en un bloc mientras apura un cigarrillo, que se apasiona por una mujer que apenas conoce (y quien aparte tiene novio), bueno, no caigan en su fachada. Todo eso tiene un porqué, un inicio, y este libro lo es. Y aparte, encima de todo, detrás del estilo un tanto arcaico de Goethe, la novela sigue siendo una historia de amor atrapante.



Carlota no ve ni conoce que prepara por sí misma un veneno mortal para los dos, y yo apuro con voluptuosidad la copa fatal que ella me presenta. ¿Qué significa el aire de bondad con que frecuentemente me mira?

Sí, porque cada que una mujer me mira con amabilidad, yo no pienso más que en conducirnos a ambos a la muerte. Pero bueno. Werther es un joven y prometedor dibujante de clase alta, quien sin embargo se siente inconforme con… todo. Su único solaz parece ser el retiro hacia la naturaleza, por lo cual se instala en una cabaña de un lugar llamado Wahlheim. Sin embargo, durante una de sus visitas a la ciudad más cercana, traba relación con una dama inmaculada, pura, blanca hasta el núcleo —Carlota. Ya podrán imaginarse la diatriba sentimental que nuestro héroe, exagerado hasta la saciedad, procede a soltar sobre su amada. Ya que la novela está escrita, en su mayor parte, en la forma de cartas a su amigo Guillermo, tenemos la impresión (nunca vemos las respuestas realmente) de que éste no hace más que rogarle que no se meta en problemas y vaya a buscar estabilidad en una corte noble, o tomando un empleo diplomático. Pero no, es imposible para un tipo de la naturaleza de Werther separarse de lo que anhela.

El problema es que Carlota está comprometida con Alberto, y el conflicto todavía mayor es que él resulta ser una muy buena persona. Quizá si esto fuese como un romance medieval en que el marido es un ogro o un imbécil y la infidelidad está justificada por completo, todo habría sido más fácil para el joven Werther. Pero no, Alberto es un tipo razonable y bondadoso, que quiere a Carlota con honestidad y puede ofrecerle la estabilidad que nuestro protagonista no tiene, y hasta detesta. Por lo tanto, ella ve a Werther sólo como a un amigo (la cantidad de referencias culturales de hoy que vienen desde aquí es impresionante), pero él malinterpreta las cosas de un modo distinto. ¿O no? Eso sí me parece brillante del libro: la perspectiva tan personal del relato hace que los sentimientos de Carlota queden en una ambigüedad enervante y deliciosa.

Así que la recomendación es un tanto extraña: no se aferren a que Goethe escriba como un novelista moderno, porque no lo es. A duras penas es novelista. Él tiene más bien el alma de un poeta antiguo, trascendente, con línea directa a los sentimientos humanos pero sin la simplicidad discursiva que caracteriza a los libros de hoy. No esperen que no sea exagerado, y no esperen que no sea cursi. Por algo es el padre de los románticos, y si a ustedes no les agradan las historias contadas de un modo sacarino, es probable que terminen por escupir sobre la memoria de Werther y su autor. Pero si están abiertos a ello, con ganas de leer a un clásico sin tener que lidiar con la majestuosidad de Dante o de Virgilio, y dispuestos a aceptar una trama tan sencilla como esta, lo van a disfrutar. Pero además de ser una lectura muy agradable, Werther nos hace comprender un poco más el comportamiento de algunas personas hoy por hoy. Quizá hasta el de nosotros mismos. Y es posible que al vernos en este espejo, también, decidamos dejar de hacer drama por todo. O por lo menos, viendo que penas similares a la nuestra han sido contadas desde tanto tiempo atrás, nos sentiremos acompañados un momento dentro de nuestra soledad amorosa y existencial.

Sí, yo no soy otra cosa que un viajero, un peregrino en el mundo. ¿Y tú? ¿Eres algo más?

Múltiples ediciones, múltiples precios.

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