lunes, 21 de octubre de 2013

Frankenstein

-Frankenstein or The Modern Prometheus
-Mary W. Shelley
-Primera edición: 1818 (editado completamente en 1831)
-Novela gótica/epistolar

Con el tiempo llega el momento en el que el sufrimiento es más una costumbre que una necesidad y, aunque parezca un sacrilegio, y a no se reprime la sonrisa que asoma a los labios.

Independientemente del libro, ¿qué piensan cuando se les menciona a Frankenstein? ¿Disfraces de Halloween, tal vez?, ¿adaptaciones cinematográficas?, ¿caricaturas?, ¿canciones?, ¿ciencia? En lo personal, a mí me llegan dos cosas a la mente: un especial de Alvin y las ardillas donde Teodoro se hace amigo del monstruo y mi padre. Ambas tienen mucho que ver con mi infancia; la primera no es muy relevante, era la única caricatura que alcanzaba a ver antes de hacer tarea, pero la segunda tiene un significado muy especial. Hablar de mi padre es hablar de una persona práctica, una persona que ha dedicado los últimos dieciocho años a criarme sólo y sacarnos adelante. Me llevó mucho tiempo pensar en su existencia como algo independiente a la mía: yo estoy aquí por él, pero él no está aquí por mí. Por eso me tomó por sorpresa el día que me habló de este libro: la desventura de una criatura que ha sido olvidada por su creador, nuestra propia desventura al haber sido olvidados por Dios. Estábamos junto a un lago y lo dijo: creo que a Dios le sucedió lo mismo que a ese doctor; nos vio como unos monstruos y prefirió irse. Eso fue hace mucho, no creo que lo recuerde. Y aunque yo era pequeña sucedieron dos cosas: por primera vez tomé consciencia de su individualidad como persona y no sólo como mi padre, y me sentí sumamente agradecida por no haber sido negada por mi creador –al menos uno de ellos.

Reseñar Frankenstein en el mes del “horror” me resulta conflictivo. Es cierto que la idea de aquello creado a partir de restos humanos y por artes científicas resulta espantoso, y sus instintos asesino aún más –sobre todo cuando se le representa verdoso y lleno de costuras. Los contemporáneos a Shelley se perturbaron especialmente con la historia, ya que los avances científicos de los que eran testigos convertían a la criatura en algo “posible”.  Unamos esto con el espíritu romántico de la época: la rebeldía, el aislamiento y lo efímero de la vida era el tema favorito del momento; la muerte siempre estaba presente como algo más que un recurso poético. Sin embargo, es probable que sólo conozcan al monstruo como ícono y bajo ningún contexto. Eso es lo que logran las adaptaciones: nos proporcionan imágenes aisladas sin palabras para explicarlas. Me prohíbo regalarles un resumen para su tarea, eso lo encuentran en cualquier otra página, pero sí concedo una breve síntesis con aclaraciones.

Uno de los fenómenos que más me atraían era el de la estructura del cuerpo humano y la de cualquier ser vivo. […] De no haberme visto animado por un entusiasmo casi sobrehumano, esta clase de estudios me hubieran resultado tediosos y casi intolerables. Para examinar los orígenes de la vida debemos primero conocer la muerte.

Tras dedicar su vida al estudio y a la investigación, Víctor Frankenstein alcanza la cumbre de su carrera científica: descubre la esencia de la vida. Cual Prometeo con el fuego, el científico decide jugar a ser Dios, y el desastre ilumina y vuelve ceniza su mundo entero. Uniendo retazos de cadáveres humanos, en apariencia bellos, nace una criatura de enorme estatura y facciones horribles que hacen huir a su creador. Dicho ser persigue a su padre alrededor del mundo esperando respuestas, pero también exigiéndole una compañera que le proporcione cariño. Lentamente, la muerte se apodera de una narración cuyo punto de partida era la vida. Toda la información nos llega de forma indirecta: un marinero llamado Robert Walton nos transmite la vida de Frankenstein, quien a su vez ha recuperado fragmentos de la vida de su monstruosa creación (el monstruo es de Frankenstein, más no se llama así.). La carta de la carta de la carta. Gran parte de la historia tiene escenarios de fría decadencia como Ginebra y el Polo Norte, y se sitúa en algún momento del siglo XVIII –justo en el apogeo de la ciencia y la industria, cuando el mundo parecía nuestro.

Dice Mary Shelley en el prólogo que su preocupación era presentar la bondad del amor familiar, así como las excelencias de la virtud universal. Entonces ¿qué hace encajar a Frankenstein en el género del horror? ¿La criatura deforme o su imposibilidad para encontrar compañía? Estéticamente, claro, el monstruo asesino parece ser claramente el problema. Pero ignoremos por un momento el factor físico. Es vida lo que recorre su cuerpo y es razonamiento lo que invade su cabeza. Eso nos hace superiores ¿no? Nuestros avanzados cerebros nos separan de los animales y nos conjuntan como raza humana. Y el avanzado cerebro de un avanzado científico ha otorgado algo peor que la vida: le ha dado a su criatura el razonamiento necesario para entender lo irreconciliable de su condición. El monstruo de Frankenstein tiene la teoría de lo humano, corazón y cerebro, pero nunca alcanza la práctica. Sin un guía que lo apoye, educado en su soledad, la “idea de lo humano” se vuelve incompatible con lo humano.

Eso es lo que ofrece Frankenstein, o al menos una parte. Una historia de terror en el primer plano y una de dolor en el segundo. Angustiosas son las narraciones, tanto la del doctor como la de su creación. El aislamiento del uno arrastra al otro hasta el mismo punto: ambos son seres a merced del miedo y la soledad. Al final, lo único que pedía el monstruo era un igual que lo acompañase. Pienso en lo que me dijo mi padre con referencia a Dios y en su abandono. Ninguno de nosotros es religioso, al menos no de manera institucional, pero la idea igual nos atormenta. Lo que sea que nos puso aquí, un dios, una casualidad, una explosión, una centella, ¿por qué lo hizo? Al menos la criatura de Shelley pudo correr detrás de su creador para preguntárselo. Nosotros quedamos con el silencio, justificando nuestra existencia a la de nuestros padres, ellos a la de nuestros abuelos. Así, en una larga línea familiar donde hemos sido educados, independientemente de los problemas, y donde nos daremos a la tarea de educar. Educados bajo nuestra condición humana para cumplir requerimientos humanos, porque, si bien no pudimos perseguir a nuestro creador, encontramos seres de nuestra condición que nos acompañasen. Y creo que eso es lo único que evita que nos consumamos en angustia, nuestra mutua compañía y mutua ignorancia.

He asesinado lo hermoso y lo indefenso; he estrangulado a inocentes mientras dormían, y he oprimido con mis manos la garganta de alguien que jamás me había dañado, ni a mí ni a ningún otro ser. He llevado a la desgracia a mi creador, ejemplo escogido de todo cuanto hay digno de amor y admiración entre los hombres; lo he perseguido hasta convertirlo en esta ruina. […]Desaparecerán la luz, las sensaciones, los sentimientos; y entonces encontraré la felicidad. Hace algunos años, cuan do por primera vez se abrieron ante mí las imágenes que este mundo ofrece, cuando notaba la alegre calidez del verano, y oía el murmullo de las hojas y el trinar de los pájaros, cosas que lo fueron todo para mí, hubiera llorado de pensar en morir; ahora es mi único consuelo. Infectado por mis crímenes, y destrozado por el remordimiento, ¿dónde sino en la muerte puedo hallar reposo?

Múltiples precios, múltiples ediciones y
pueden encontrarlo en PDF.


BTW. Feliz cumpleaños, papá.

1 comentario:

  1. Cuando leí Frankestein pensé en un par de cosas desde el equívoco de la idea popular de "Frankestein es el monstruo verde y el doctor/creador no es mas que un alguien", pero la idea general sería "¿Quién es el verdadero monstruo?", y pensé en la injusticia y compadecí a aquel que llaman "monstruo", porque a mi opinión bien podría decir que tal vez es cierto que en la historia el primer personaje que se comportó como un monstruo fue el mismo Frankestein y no la masa de vida nacida de lo inerte.

    Con el paso de las páginas el nudo en mi garganta se hacía mayor, es una historia triste, desgarradora, cruel. Por una parte el monstruo nació "puro" pero se ve rechazado primero por si creador y luego por las personas que logró apreciar, lo ven como un monstruo y al final se convierte en algo parecido ¿Es justo juzgarlo por sus actos?, pero supongo que el libro no se trata de ver quien es o no justo. El punto es que aquel que llaman "monstruo" y que asesina no puede si no parecerme un ser sensible y herido.

    No había pensado en la idea que te mencionó tu padre, es decir, la idea ya la había pensado pero no lo pensé por leer el libro, creo que hasta ahora me di cuenta que realmente se puede pensar en ello leyendo el libro. Si fuese así, quizá haríamos lo mismo que aquel monstruo, tratando de hallar las respuestas, tratando de saber porque nos rechazó y abandonó después de crearnos

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