sábado, 22 de octubre de 2016

Quiúbole con...

Resultado de imagen para quiubole con para chavos-Quiúbole con… tu cuerpo, el ligue, tus cuates, el sexo, tu familia y todo lo demás. Manual de supervivencia para hombres // Quiúbole con… tu cuerpo, el ligue, tu imagen, el sexo, las drogas y todo lo demás. Un libro para niñas, chavas chicas o como quieras llamarles
-Primera edición: 2006 // 2005
-Yordi Rosado y Gaby Vargas [México]
-Autoayuda

1/2
Hacia el final de su conferencia titulada “El adolescente”, Juan David Nasio, reconocido psicoanalista de la escuela lacaniana, dice lo siguiente:
El primer sufrimiento del adolescente es la tensión entre su cuerpo sexuado y una mente infantil. La batalla entre un niño y una nueva forma donde no se reconoce. Como adultos debemos reconocer el dolor del adolescente, cómo a cada segundo pierde una célula de su infancia. Es una pérdida silenciosa que no se ve ni siente, pero se cumple inexorablemente hasta la llegada de la madurez. Éste es el segundo sufrimiento del adolescente, tener que llevar el duelo de su infancia. Debe aceptar vivir con la ausencia de esta etapa y aprenderla a amar de otra manera. El duelo es el tiempo que hace falta para que al adolescente logre despegarse del niño que fue y llegando a la edad adulta aprenda a amar a ese niño que está dentro suyo, a la vez que ama ser adulto.
Aunque su ponencia es bastante interesante, todo lo que dice antes y después de estas líneas queda opacado, pues quien las escucha no puede más que sentir un gran impacto, seguido de una genuina tristeza. La adolescencia suele ser un periodo fotogénico, por decirlo de alguna forma. A diario la vemos retratada en diversos medios de comunicación como una época de extrema libertad, donde rostros sonrientes y cuerpos delgados entran en extática comunión con el mundo que los rodea. Pensarla como un momento problemático y de sufrimiento también es común, aunque menos publicitado. Después de todo, esos mismos cuerpos en libertad –que necesitan correr y experimentar– sufren por las múltiples limitaciones que les impone el mundo, pero lo usual es verlos sobreponerse y brillar. Lo que no es común es pensarla como un luto extendido; ver en una lozana sonrisa la sombra de la infancia que agoniza hasta morir, sin posibilidades de que la salvemos. Lo peor es que el adolescente mismo no está del todo consciente de su pérdida, parece ser el último invitado a su propio funeral, y su duelo se prolonga durante años.

No digo lo anterior con el afán de deprimirlos, tampoco busco que hagan memoria de su propia pérdida o proceso, pues como bien indica el autor, es algo que pasa desapercibido. Les traigo este fragmento porque me gusta el tono, el estilo y el mensaje. Nasio atrapa mi atención con palabras sinceras, humanizando una etapa por la que todos pasamos y que, a veces, queremos sencillamente olvidar. No necesita soltar un chiste para llamar mi atención, tampoco me regala píldoras de información para no agobiarme. A pesar de ser un especialista, él confía en el público que lo escucha, no subestima la capacidad de quienes atienden su conferencia, sin importar si son psicólogos, padres de familia o incluso adolescentes. Hace un llamado a la paciencia, el cuidado y, sobre todo, la comprensión de la adolescencia en general, pero sin estereotipar a quien vive esta etapa o subestimar su inteligencia. Claro, lo suyo no es una "guía de supervivencia” ni mucho menos, y tal vez eso lo vuelve menos atractivo, pero como él existen muchas personas con títulos, estudios y experiencia que se interesan en instruir a quien haga falta para que estos años no dejen una huella dolorosa. Las palabras de estas personas siempre harán hincapié en la trasformación física que vive el niño, pues pasa a convertirse en un ser sexual que puede masturbarse, fantasear, tener relaciones y, en el caso de las niñas, embarazarse. El listado parece alarmante, pero es algo que se tiene que hablar, y la mayoría resume todo en un consejo sencillo: “Recuerda cómo eras tú cuando tenías esa edad”, y así como lo recuerdas, agrégale que fue diez veces peor.
 Hablemos ahora de este otro fragmento:




Es, por supuesto, mucho menos... vebal. Éste proviene de la versión masculina de Quiúbole con… de los reconocidos Yordi Rosado y Gaby Vargas, libro lleno de “consejos” para el adolescente promedio que se enfrenta al mundo. Lo de reconocidos no es ningún sarcasmo, el primero es bastante popular por su larga trayectoria en televisión y la segunda lleva casi diez libros publicados, tan profundos, interesantes e investigados como la cita que acabamos de abordar. Ellos no son psicólogos ni psicoanalistas ni pedagogos, pero no dejen que su falta de créditos educativos nuble su visión, pues como bien nos mostró Montaigne, la especialización no es un requisito para dar opinión de algo. Rosado es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Vargas no tiene estudios comprobables, pero ha tenido una notable carrera como maquillista e hija del dueño de MVS (poderosa empresa radiofónica). El fragmento que dejé para ustedes es diametralmente opuesto al de Nasio, pues la comprensión del estado adolescente como un proceso físico y psicológico es algo más bien aburrido que no vale la pena ver con detalle aquí. Estos dos autores deciden atrapar la atención de su público siendo “irreverentes”, “divertidos” y “alocados”, mejor resumido en “chitosos” (sí, sin la s), así que se lanzan a explicar la adolescencia en un lenguaje aparentemente fácil y desde una posición de “yo te entiendo perfectamente”, casi tirándole a “ahorita mismo lo estoy viviendo”. A esto último también se le conoce como el estilo del “chavo ruco”. Cabe resaltar que estoy reseñando (o haciendo un ensayo de) las primeras ediciones, publicadas hace diez años, y que recientemente se editaron nuevas versiones “adecuadas” al mundo de hoy. Ya que son muy recientes, no pude encontrar un archivo para descargar y tampoco pude dar con una edición abierta en las librerías, así que no sé cuánto se modificó del contenido original. Estoy casi segura de que lo que más se cambió fueron los pasajes concernientes al internet y que se agregaron temas sobre las redes sociales, pues la llegada de Facebook, Twitter y anexas revolucionó la manera en que nos relacionamos, pero dudo mucho que lo que se dice sobre la sexualidad se haya modificado demasiado, y eso es de lo que más me interesa hablar (al final siguen siendo los mismos autores con la misma visión del mundo). Ya aclarado esto, continuemos.

El ángulo fotogénico que ya habíamos explicado con anterioridad se retoma, a pesar de no representar los conflictos adolescentes con ninguna profundidad, pero ése es justamente el asunto: aquí no hay luto o pérdida alguna, sino un estado de excitación cocainómana que se expresa en la constante repetición de la palabra “súper”, “nabo”, “súper”, “chido”, “súper”, “padre”… ¿ya dije “súper”? Cada libro enfoca su atención en un sexo específico para dar consejos útiles según que órganos sexuales tienes y, de manera un poco más general, pretende orientar a jóvenes de 12 a 23 años (el mismo libro lo dice) en los ajetreados caminos de la adolescencia, los cuales incluyen drogas, alcohol, ligue y sexo. Para que no se pierdan mucho, dividiré mi reseña de la siguiente manera: primero expondré cómo cada libro basa toda su estructura y consejos en marcados estereotipos de género, después me extenderé un poco sobre el constante ataque hacia el sexo femenino , seguiremos con el temor crónico que ambos autores le tienen a todo lo que difiere de una educación conservadora, añadiré algunos comentarios sobre la redacción y finalmente trataré de dar una explicación a por qué algo tan bajo existe en primer lugar (pondré una flechita cuando llegue a esta parte por si se quieren saltar hasta ahí). Por si se lo preguntan, sí, sí me da mucho flojera hacer esto, pero resulta que nadie se ha sentado nunca a escribir una crítica seria sobre estos maravillosos volúmenes (o al menos no pude encontrarla). Además, es uno de los libros con mayor número de ventas en México, así que no puedo sólo quejarme de que sus autores son imbéciles, porque eso ya lo hizo todo el mundo, y sentir que terminé mi trabajo. 

Vayamos primero con los hombres , ya que fue el PDF que conseguí primero:

La versión masculina de Quiúbole con… tiene la clara noción de que sus lectores son idiotas con déficit de atención. Prueba de ello es que el libro más bien parece cuento para colorear, pues se les fue la mano con los dibujos. No dudo que esto haya sido sugerencia de algún “especialista” venido a menos que tuvo la intención de hacer más didáctico el contenido, pero uno se pregunta cuántos dibujos de penes son necesarios para llamar la atención de alguien. También hay un maestro "Yobba", como una referencia brillante a Star Wars, que aparece de vez en cuando para resumirte la información más importante (por si leíste mucho y no supiste qué pasó). Lo único que puedo decir sobre esto es que me parece ridículo incluir el guiño y no hacer que el personaje adopte el modo de hablar de su referente, siendo esta una de sus características más importantes. Haciéndole compañía a los dibujos se encuentran los “chistes” que aderezan cada sección, o que más bien la inundan, porque después de un rato te sientes en medio de un pésimo monólogo de stand-up ejecutado por Rosado. No importa si se trata de un tema ligero, como que tu voz cambie, o algo mucho más serio, como una enfermedad de transmisión sexual, siempre habrá un comentario “chistoso” que minimice la situación y la vuelva fácil de llevar, seguido por un “ya en serio” que entra en directa contradicción con el discurso general, porque de verdad nada parece serio.


Está claro que, con este tono y estilo, ninguno de los autores tiene en mente un público acostumbrado al teatro shakesperiano ni nada parecido, pero me intriga mucho cómo alguien mayor de 20 años, que aún entra en la edad sugerida, se sienta a leer esto sin sentirse vagamente insultado. La situación empeora si tomas en cuenta que no dejan de referirse al sexo opuesto como “la niña”. La idea de que el género masculino es naturalmente idiota no sólo se encuentra en decisiones gráficas y de tono, sino que se extiende al contenido mismo, el cual se divide en temas biológicos y temas sociales. Los biológicos los comentaré más adelante por ser un problema de ambos libros, mientras veamos lo fascinante que es la vida de un verdadero hombre según los autores.

Basta con leer el índice para saberlo: después del arte de ligar a una mujer (80 páginas) y el sexo (112 páginas), lo más relevante del género masculino son los carros, las peleas, los antros, las borracheras, y el dinero (54 páginas). Todos estos puntos conforman el capítulo “Quiúbole con… mi vida”, donde los autores se esfuerzan por recopilar las experiencias más “gruesas” por las que pasan los chavos, aunque yo más bien diría que son las más aceptables según el status quo. Aquí te enteras, claro, de los peligros de la diversión nocturna, pero también te dicen cómo pasar por un cadenero y qué se siente ser piloto de carreras. Ni Rosado ni Vargas están interesados en un público que encuentre regocijo en el triunfo escolar o deportivo, mucho menos artístico o cultural, no es que ellos no tengan problemas, es que son menos generalizables. En cambio, pueden servirse con la cuchara grande para hablarle a una juventud de clase media o media-alta que disfruta de fiestas. Señalar lo del estatus económico también es importante, a ellos no les concierne la violencia ni la rusticidad que rodea a la clase baja, te van a hablar de antros con DJ, no de ferias con bocinero; te van a decir lo increíble que es trabajar para comprarte cosas que te gustan, no para ayudar a sostener a tu familia. Así que, una vez que barres con el sector humilde y dejas afuera a los introvertidos (los cuales tienen un pequeño fragmento donde les dice “Está bien serlo, no te preocupes. No te vas a divertir como los otros y eres muy aburrido, pero no importa”) y otras anomalías adolescentes, encuentras una media a la cual dirigir tus consejos, una media superficial y banal que se alimenta de experiencias de moda y que no incomoda a nadie. ¿Todos los jóvenes son así? No. No todos beben, no todos visitan antros y no todos piensan que manejar es el clímax de la vida. Pero también es cierto que no todos pasan su adolescencia leyendo filosofía, aprendiendo física o elevando una habilidad deportiva a nivel competitivo. No creo que esté mal que el libro hable de los rasgos más estereotípicos de la hombría porque hay personas que pueden vivir dentro de ellos, pero a) creo que debería decir justamente eso, que son estereotipos, a veces prejuicios, que no aplican a todos y que pueden limitar el crecimiento de las personas y b) me parece preocupante que todas las demás posibilidades queden delegadas a un área sin aprobación donde crecen “los raritos”. En su intento por ser inclusivos, ambos autores se quedan con un puñado de nociones establecidas y comerciales sobre lo que le interesa al género masculino y dejan fuera un mundo de posibilidades como si se trataran de algo malo.

¿Y las mujeres? No se preocupen, no es una guerra de sexos, aquí todos perdemos. Según Yordi Rosado y Gaby Vargas, las adolescentes también son idiotas, pero menos infantiles. Mientras que a los hombres se les entrega una historieta, las mujeres reciben un franco libro de texto. Aquí no hay dibujos ingeniosos y son bien pocos los chistes. Esta evidente disparidad puede indicar que los autores creen que las "chavas" son más maduras o sencillamente que el libro fue escrito por Gaby Vargas y sólo se puso el nombre de Yordi Rosado al final (puede que en el de hombres pasara lo mismo pero al revés). Estoy más inclinada a creer esto último por la gama de idioteces que cubre este texto, y que sólo pudieron haber salido de boca de esta “autora”. Mientras a los jóvenes se les aprueba ser idiotas proactivos, es decir, que sepan hacer cosas útiles como conducir o conseguir trabajo, el campo de los intereses femeninos incluye cosas tan trascendentes y pasivas como combinar tu ropa según tu color de piel. Es en serio:



(Es muy emocionante descubrir que soy de tonos fríos, se los juro.) Mientras que a “ellos” los encasillan en autos, senos y cerveza, “ellas”, como delicadas flores, tienen en sus temas de interés cosas como “Tu imagen es un regalo con envoltura”, “¿Con qué asociamos los colores?”, “¿Qué onda con las marcas [de ropa, no las que deja el mundo y sus horrores sobre tu persona]?”, “Dime a qué hueles y te diré quién eres” y “Cuando caminas: siéntete ¡GUAU!”. Aunque las secciones que les mencioné sólo cubren 30 páginas, en realidad todo el libro es una estafa para hablarte de consejos de belleza que no se limitan a tu cara. Este es un manual para una “niña bien”, una que pueda entrar cómodamente a la familia de una mujer adinerada como Vargas y salir excelente en las fotos de grupo (ah, sí también hay una sección sobre cómo salir bien en las fotos) y ser bienvenida en todos los eventos sociales. Al igual que en el tomo masculino, la propuesta aquí es lanzada para un público de cierto estatus económico con intereses limitados a la recreación del alcohol y las fiestas, pero en ambos hay una constante que no puedo dejar pasar y me resulta muy molesta: el acoso-ataque-prejuicio a la sexualidad femenina.

En ambos libros hay una sección dedicada al arte de atrapar pareja, “El ligue”. El de hombres tiene instrucciones de higiene básicas para la convivencia como “Báñate y lávate la boca porque a ninguna niña le gusta besar con olor a ajo”, aunque en realidad a nadie le gusta besar y que le sepa a ajo. El asunto aquí es que para la versión masculina, las frases tipo “A las chavas les gusta…” se limitan sólo a ese capítulo, pero la cosa con el tomo femenino es bien diferente y enciende muchas alarmas en lo que refiere educación de género. En algún momento de mi aburrida incursión por el texto me saltaron estas líneas:

Primero me intrigó que estuvieran aquí y no en el tomo masculino, ¿por qué los hombres no se ven “luciditos” después de 85 “no mames, cabrón”?, ¿por qué a ellos no les advierten que les pueden decir “vulgarcito”? Después se me hizo casi cómico lo alarmados que suenan los autores al darte instrucciones de cómo, cuándo y dónde debes decir groserías. Poco a poco me comenzó a molestar el sermón, porque asumen desde un primer momento que si eres mujer y dices groserías es porque suenan “chistoso” y poco tiene que ver tu entorno, tu educación o sencillamente tu carácter. Eventualmente lo deje pasar porque se encontraba en la sección “El ligue”, donde todos los consejos se basan en “no seas tú misma/o” y aplica para ambos libros, así que se me hizo más o menos equitativo. Sin embargo, grande fue mi sorpresa cuando llegué a la parte de “Tu imagen” y me encontré esto:




¿No se supone que ya habíamos pasado lo de “Lo que les gusta a los hombres” y lo demás viene siendo acerca de cómo estar feliz por ti y para ti? No, no sean tontos. Resulta que para ser feliz como mujer tienes que recibir la aprobación de los demás; debes buscar gustarle al sexo opuesto. Los consejos que dan acerca de tu imagen, la ropa que usas, los colores que te van, la manera de sonreír, todo funciona bajo ese parámetro: “Lo que le gusta y no a los hombres”. No soy seguidora de la tercera ola de feminismo, pues tengo muchos problemas para aceptar los marcos teóricos que se manejan actualmente, pero lo de este libro es abiertamente grosero. Lo que más me enfuria es que pretendan que esto es perfectamente natural, que debes guiar tu vida de acuerdo a lo que aprueba o no un extraño con potencial de ser tu pareja. 

Este pensamiento cerrado se vuelve mucho más evidente cuando se llega al tema de las relaciones sexuales. En ambos libros se pide encarecidamente a los jóvenes que no caigan en las trampas del sexo antes de tiempo (en algún punto dicen que la abstinencia es un método muy popular), pero los autores aceptan que es pedir demasiado y brindan consejos acerca de la protección adecuada para la prevención de embarazos y ETS. En la versión masculina no se habla de cuántas parejas está permitido tener, el número no importa mientras exista la protección adecuada y te examines cada seis meses. Por el contrario, a las mujeres se les advierte que no deben tener muchas parejas, no porque seamos más propensas a enfermedades de trasmisión sexual, sino porque se ve mal:

¿Como por qué tendría que recoger su dignidad?, ¿qué les importa a los demás? Personalmente creo que a nadie le gusta saber que su pareja ha estado con alguien más, pero es más una cuestión de inseguridad que debe resolverse dentro de la pareja, no construirse a partir de un estigma. Ojo, la versión de hombres no dice por ningún lado que no tienes derecho a juzgar a una mujer por su número de parejas, ni señala que es malo que un hombre busque muchas mujeres para acostarse. Tal vez pudieron quitar tres páginas de chistes de penes y hablar de cómo no es justo condenar a nadie por buscar satisfacción sexual sin perjudicar a terceros, en lugar de pedirle a las chavas que por favor no “anden de locas” porque se les hace fama. Para reforzar los estereotipos, la versión masculina incluye “fichas técnicas” donde puedes descubrir las personalidades de la mujer desde la comodidad de tu hogar, al fin y al cabo son sólo personajes planos en esta gran novela de la vida:
 


Graciosísimo el asunto. De verdad no sé en qué estaban pensando, ¿en qué categoría se metería la propia Gaby Vargas?, ¿lucidita con ascendencia a cursi?

La actitud de reprimir a uno en lugar de educar al otro se extiende hasta temas tan sensibles como la violación. Rosado y Vargas tienen muchas páginas para hablar de temas incómodos como la pornografía, las drogas y hasta la depresión, pero en ningún lado se les ocurrió meter un consejo básico de vida tipo “No andes violando mujeres”. Lo más cercano que hacen es indicarte que si estás con tu novia a medio faje, y ella ya no quiere seguir, la respetes y no la obligues a nada, pero con lo imaginativos que son pudieron albergar el millón de situaciones que conllevan a una violación, algo como “Si ves a una chava ebria, en el piso, con las piernas abiertas, no te está invitando a que la penetres”. Está claro que aún nos falta mucho para lograr una verdadera educación que prevenga el acoso y agresión sexual en todos sus niveles, como bien señala este artículo,
…los hábitos e ideas que se necesitan para educar contra el acoso están profundamente relacionados con nuestra capacidad de controlar nuestras apetencias corpóreas. Buena parte del problema del acoso sexual radica en que el acosador es una persona que no puede contenerse y se lanza, física o verbalmente, contra su víctima… La contradicción entre la naturaleza egoísta y la razón no ha sido resuelta, y sobre esa contradicción se levantó la revolución sexual. De este modo, se establece una paradoja en el mundo moderno: se tienen los derechos de la revolución sexual, pero no se tiene la educación para saber usarlos.
No creo que ni Rosado ni Vargas tengan el poder o el conocimiento como para plantear una posible salida a esta paradoja por el simple hecho de que se perdieron la parte en que la revolución sexual también aplica para las mujeres, y que el acosador necesita ser educado. Hablar del asunto del consentimiento no tiene por qué ser un tema exclusivamente femenino, pero aquí se maneja de esa forma por respetar estándares tradicionales. El libro “para ellas” ocupa cuatro páginas con consejos para evitar un ataque sexual en casa, una fiesta o la calle, porque la idea de que “ellos” tengan que aprender sobre autocontrol parece cómica. 

El hecho de que estos libros hagan de la mujer una muñeca decorativa ofende, pero no sorprende. Ambos autores recibieron una educación católica y conservadora que se refleja claramente en lo que escriben. Cuando se habla de un embarazo no deseado la primera opción que proponen es casarse, la segunda darlo en adopción y la tercera, el aborto, sólo está enlistada para prohibirla:

La ilegalidad del hecho era su candado más fuerte, pero lo cierto es que dejó de serlo hace ya varios años y ya existen muchos lugares seguros donde practicarlo de forma segura. No sé qué diga la versión más reciente del libro, pero, si no pueden despertar miedo diciendo que es un crimen, les queda el miedo del supuesto daño psicológico que sufre la madre, aunque ya ha sido probado muchas veces que es un mito. Si nada de esto funciona, está siempre la carta maestra de los grupos pro-vida: es tu cuerpo, pero el del ser que llevas dentro no (?). Este mismo miedo se encuentra en el tema de las preferencias de género: la homosexualidad se resume en tres páginas en el libro de hombres y, aunque no se prohíbe, tampoco parece ser aprobada. Por su parte, no existe ni la más mínima posibilidad de lesbianismo en la versión femenina, decisión curiosa si pensamos que a algunos hombres sí les gusta eso.

En nociones un poco más técnicas que conciernen a la redacción de estos dos libros, puedo decir que no sólo son disparejos entre sí —se nota mucho quien metió su cuchara dónde y es bastante triste ver que no pudieron ponerse de acuerdo ni para mantener un formato—, sino que son disparejos dentro de ellos mismos y es obvio cuando los autores están dando el Wikipediazo en temas de salud. Como vimos al principio, la propuesta de Vargas y Rosado es la de ser “rebeldes” con los establecimientos de un libro clásico sobre adolescencia, así que su prólogo es una serie de “Blah, blah, blah” que se traduce en “Nosotros no te vamos a venir con esas cosas aburridas que ves en la escuela, ¡qué flojera!”, pero la intención les dura menos de tres páginas, porque una vez que entran a temas biológicos su “Manual de supervivencia” termina siendo exactamente lo mismo que una lección de salud escolarizada. El asunto es más grave si tomas en cuenta que por lo menos en la escuela puedes hacer preguntas, aquí sólo te lanzas a creerles todo lo que dicen, sin ninguna, sí, escucharon bien, NINGUNA fuente que los respalde. Ejemplifiquemos esto:

Estas “Cinco etapas de la pubertad” dan información básica sobre los cambios biológicos que sufre el cuerpo de un hombre, y si le quitas los chistes de los “colados en fiesta de paga” y la “doble personalidad”, pues resulta ser la misma información que encuentras en un libro de texto o ya de plano Wikipedia. Les doy un ejemplo pero no es un caso aislado, siempre que los temas de salud surgen se nota que hay un proceso de copy-paste o un cambió en la pluma del que escribe (aunque claro, todos hemos dudado siempre que Rosado y Vargas sepan escribir algo que no sea su nombre), y la trampa se intenta ocultar agregando chistes o algo de jerga adolescente. Esta artimaña me parece grave por lo mencionado anteriormente: no hay bibliografía, fuentes, referencias, ni siquiera un intento de mencionar de dónde se sacó la información. Al final pueden encontrar una lista de nombres genéricos de quienes “ayudaron” a la realización del libro, algunos de ellos tienen agregado un “Dr.” al principio, pero recordemos que el autor de Los cuatro acuerdos también se hace llamar Doctor... Así, nos encontramos ante dos problemas: por un lado, probable plagio; por otro, información poco confiable. Lo primero puede taparse miserablemente con el pretexto de que es información del dominio público y se cambió lo suficiente como para no tener que pagarle nada a nadie, pero lo segundo no se resuelve apelando a la identidad de quienes publican, pues como se dijo al principio, ni Yordi ni Gaby tienen títulos en psicología o medicina, ni siquiera un certificado de paramédico.

Estos vacíos se ven en temas donde los autores y su educación son especialmente conservadores: el ya mencionado “trauma” provocado por el aborto, el cual se compara con el TEPT, ha sido cuestionado 1989 por el Dr. Everett Koop, y la Asociación Americana de Psicología ha desmentido dos veces que exista tal síndrome; la precisión de los métodos anticonceptivos también es dudosa, sobre todo cuando dan “reveladoras” estadísticas que más bien parecen comerciales de promoción a ciertas marcas (como Sico) o costumbres tradicionales (la abstinencia). En lo que refiere al cuerpo y su funcionamiento, en muchas ocasiones apelan al homérico ¡No lo digo yo, lo dice la ciencia!, pero si no me dan ni un título para consultar y verificar la información su argumento tiene la misma validez que el de Homero Simpson. Este vacío bibliográfico le quita seriedad a lo que, a veces, parecen ser buenas intenciones. Los autores se toman mucho tiempo para hablar de la prevención del embarazo, la transmisión de enfermedades venéreas y el abuso de alcohol y drogas, todos ellos francos problemas de salud pública que afectan mucho a México. Me parece correcto que decidan hablar de esto y dar una cara “seria” al asunto con anécdotas supuestamente reales y apelando siempre al daño personal que tales costumbres causan. Los temas son difíciles de hablar dentro de la familia o la escuela y muchas veces la falta de información termina en tragedia, por lo que no es terrible que exista un libro que mencione el tema e incluso incluya teléfonos para conseguir ayuda. Sin embargo, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, y por mucha apertura que ambos autores pretendan demostrar, sus intenciones terminan siendo aplastadas por el peso de sus propios perfiles, su falta de seriedad y el prejuicioso contenido de ambos libros. Al final del día puedes encontrar información útil ahí, pero no sabes si es cierta o no y tampoco puede ser muy confiable viniendo de alguien que nos mostró en televisión abierta que no sabe contar.

→ En este punto ya entro en comentario finales, y es probable que se pregunten quién en su sano juicio consume este tipo de libros y por qué. La respuesta es muchos y por vergüenza. Vivimos en un país de mentalidad cerrada donde el sexo y todo lo que lo rodea sigue siendo un tema tabú. No importa que ya hayan pasado diez años desde que Quiúbole con… vio la luz del día por primera vez, las cosas siguen casi iguales, prueba de ello es el reciente mar de desinformación que circuló con la llegada del “Frente Nacional por las Familia”. Este grupo ha externado en repetidas ocasiones su negación a que se brinde educación sexual a niños de entre 12 y 13 años por considerarlo “apresurado” y poco moral; también niega rotundamente la integración de estudios de género al programa educativo. Sus razones resultan borrosas aún para el más atento lector, les parece que sus hijos no deben saber los tipos de contacto sexual que existen porque “no es tema”, “les puede dar ideas” (?), o sencillamente no necesitan saberlo. Uno pensaría que en un país donde se detectan embarazos desde los 14 años de edad, el tema de las relaciones sexuales seguras y pensadas debe impartirse lo mejor posible justo en el momento en que empieza la pubertad, pues es un estado crítico donde hay más impulsos que conocimiento. Puede que vean a sus hijos como inocentes criaturas, pero lo cierto es que en sus hormonas ya se encienden las primeras chispas de lo que será una batalla, y ninguna buena intención va a detener eso. La ingenuidad de esta petición delata, justamente, una educación sexual truncada en lo que dictan las buenas costumbres, donde nos avergonzamos de nuestro propio cuerpo y nos alejamos de aquello que es diferente. El Frente no sabe con certeza por qué está mal, pero en sus tiempos las cosas no eran así, y mira qué bonito país tenemos, con casi medio millón de embarazos no deseados al año.

Tal vez ellos no representen a toda la sociedad (afortunadamente), pero si externan una situación incómoda que vive buena parte de ella. El sexo es el elefante en la habitación, la mosca en el plato. A la vergüenza añadan la risa. Estamos en una cultura donde nos enorgullece mucho nuestro sentido del humor, tanto que no podemos tomarnos nada en serio porque corremos el riesgo de ser “intensos”. Si en algo tienen razón los autores de Quiúbole con… es que la pubertad es una época donde todos los que te rodean se van a burlar de tus cambios físicos, lo que no mencionan es que esto sucede porque muchos no tienen la educación emocional para enfrentar el cambio de otra manera que no sea el chiste y la humillación. Sumemos el secretismo, la ignorancia y el “humor” mexicanos y tenemos como resultado un ecosistema tóxico donde no puedes hablar de métodos anticonceptivos sin escuchar risitas al fondo. El libro de Yordi Rosado y Gaby Vargas es una respuesta directa a la incomodidad que vive toda familia al educar a su progenie. Estas dos mentes no tienen títulos en pedagogía, pero sí tienen doctorado en hacer dinero, y encontraron un tesoro escondido en hacer de la adolescencia y el sexo algo de consumo y acceso fácil. Cuando escuchas hablar a alguien que tiene este libro, es muy probable que te diga que se lo regalaron sus papás y también admita que le ayudo mucho con algunas cosas que no podía preguntar. El factor común es la vergüenza, e incluso la ignorancia. Primero, padres que dudan tan enteramente de su capacidad que prefieren relegar su papel de instructores a dos figuras de la cultura popular; después, hijos que heredan el sentido de vergüenza de esos mismo padres y les alivia tener una alternativa “aprobada” para resolver sus inquietudes. Está claro que ni Rosado ni Vargas tienen interés en la educación de género, y esto los vuelve mucho más aceptables, pues alivia la carga de explicar cómo usar un condón pero no rompe con esquemas tradicionales de la sociedad. 

Al final, este libro habla mucho y muy mal de la sociedad en la que surge, porque, sin quererlo, delata su miedo e ignorancia de temas que todos vivimos y pensamos. El cuerpo y la mente del adolescente cambian, crecen y se forman hasta llegar una entidad madura que deberá enfrentar el mundo con los conocimientos e ideales que desarrolló durante su juventud. Que estos sean valiosos o útiles dependerá mucho del ambiente que lo rodea, la familia que lo acompaña. Tratar de librar esta etapa con chistes y salidas fáciles es denigrante, tanto para el joven en formación como para el niño que dejó de ser. Tal vez este libro no sea determinante en la experiencia completa, pero sí se vuelve parte de ella en el momento en que aparece siquiera como una opción. El adulto que se formará más adelante, ¿va a tener el mismo miedo que sus padres?, ¿va a darles la versión del 2016 a sus futuros hijos? Recuerden, es uno de los libros más vendidos en México, y para muchos sectores eso es una buena noticia porque anticipa muchos otros años de secretismo, de cabezas bajas que reprimen su deseo o, peor, lo expulsan de manera violenta. Nasio dice que el primer sufrimiento del adolescente es la tensión entre su cuerpo sexuado y una mente infantil, pero en este caso podría equivocarse. Hoy, ahora, en está cultura, el primer sufrimiento del adolescente es que quiere gritar y a todos nos abochorna escucharlo.
 Links de interés:




7 comentarios:

  1. Este artículo refleja íntegramente lo que es "Quiúbole con..." y el paradigma en el que nace. Lo leí cuando empezaba mi pubertad, y en efecto, no pude evitar sentir que estaba dirigido al estereotípico "hombre idiota"

    Agradable lectura.¡Saludos!

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  2. No sé qué ofende más, que le publicaran un libro de estos temas a dos idiotas, o que esta franquicia de libros sea de las más vendidas del país (aunque la explicación que das en la conclusión explica bien el porqué es de los libros más vendidos).

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  3. Me sorprende cada reseña que haces... Y me has hecho caer en cuenta de la machista mente que poseo... Jamás hubiera creído que eras chica... Y es que aunque en otras reseñas seguro lo denotabas, sólo en esta logré darme cuenta y me sentí sorprendido... Supongo que es un error impregnado por esta sociedad... Felicidades...

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    1. Sólo para aclarar, el Blog y las redes son llevadas por dos personas, DVX es hombre y yo (Misha) mujer y entre los dos hacemos las reseñas. Al final de cada entrada hay una parte que dice "Publicado por" y ahí puedes ver quién la escribió. Lo digo por si tienes dudas sobre a quién estás leyendo.

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  4. Es un análisis valiente, filosófico y científico, como la buena divulgación: gran trabajo y felicidades!

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