jueves, 19 de diciembre de 2013

El viaje del elefante



·  A Viajem do Elefante

·  José Saramago [Portugal]

·  Primera edición: 2008

·  Novela
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Dando tiempo al tiempo, todas las cosas del universo acabarán encajando unas en las otras.

Hace no mucho discutíamos en una de mis clases sobre las complicaciones de leer a Saramago. Hay algunas que son inmediatas, que saltan a la vista de cualquiera que abra uno de sus libros y lo hojee, aunque sea distraídamente, en los estantes de una librería: no hay marcadores de diálogo, las oraciones son eternas y los párrafos son (por extensión) todavía más largos que esa eternidad. Hay otras que no saltan a la vista de cualquier observador casual, pero que sí son fáciles de notar si uno compra el libro que encontró en la tienda y se lo lleva a su casa. Una de las complicaciones más salientes en el estilo de Saramago es que es, siempre y de modo avasallador, más listo que tú. Mientras más pronto puedas aceptar eso mejor, porque el portugués no teme —temía— soltar páginas y páginas de debate filosófico y/o existencial, el cual es capaz de llevar a alturas estratosféricas sólo para dejarlo caer al suelo de golpe con un chiste. Por esto, es necesario tener la guardia bien preparada cuando uno se enfrenta a él. Otro escollo lo representa algo más temático, cosa que suele ser fatal para los lectores inexpertos o impacientes de Saramago o cualquier otro autor de narrativa no-tradicional: el clásico “no pasa nada”.

Ahora, esto funciona en un modo distinto que en los trabajos de, por ejemplo, Nicholson Baker u ocasionalmente James Joyce, en los que de verdad no pasa nada más que una serie de recuerdos y sensaciones dentro del personaje. En Saramago siempre hay una anécdota, pero es su manejo lo que la distingue de la narrativa más convencional. Las novelas del portugués hacen que algo pase, pero después no se ocupan demasiado con la tarea de desenrollar ese evento, sino en hacer lo contrario —enrollarnos en él mediante una serie de conversaciones y monólogos en los que los personajes se enfrentan cara a cara con sus limitaciones frente a su situación. Es decir, si hay un terremoto es probable que Saramago nos muestre no a los rescatistas de la Cruz Roja en su heroico trabajo, sino a uno solo de ellos en una pelea terrible con su mortal existencia. O bien, en los casos menos trágicos, como éste, en el que la historia (verídica) está centrada en un elefante que va de Lisboa a Viena en el siglo XVI, la narrativa concentra sus fuerzas en describir no tanto el viaje del elefante, sino el viaje interno de quienes lo acompañan. Pero eso no es suficiente para hacer de Saramago un genio; lo verdaderamente increíble sobre esta novela es que, aun con todo ese peso existencial encima, se siente ligera, divertida, vivaz.

[…]está bien que Jesús hiciera el milagro de expulsar los espíritus inmundos del cuerpo del geraseno, pero consentir que entraran en unos pobres cerdos que nada tenían que ver con el caso, no me parece una buena manera de acabar el trabajo, sobre todo porque, siendo los demonios inmortales, ya que si no lo fueran dios habría acabado con la raza nada más nacer, lo que quiero decir es que antes de que los cerdos hubieran caído al agua los demonios se habrían escapado, en mi opinión Jesús no lo pensó bien [...]

El rey de Portugal quiere hacerle un presente al archiduque de Austria, primo de su esposa, aprovechando que éste se encuentra cerca de sus tierras, en Valladolid. Después de algunas deliberaciones, se decide mandarle al elefante Salomón, que a su vez fuera recibido unos años antes como tesoro de la India. Por supuesto, el elefante no puede ir hasta Valladolid, y de ahí hasta Viena, solo —es ahí donde entran nuestros personajes principales: los capitanes militares de la escolta que siempre rodea a Salomón, pero sobre todo su cuidador, Subhro, hombre multicultural que sirve de puente entre lo portugués y lo indio, lo cristiano y lo hindú, lo humano y lo animal. Una de las cosas más rescatables del libro es que viaja por buena parte de Europa sin jamás tomar partido: son tan ridículos los persignados portugueses como los estirados austríacos; tan decaída España como corrupta Italia. Y sin embargo, debajo de toda la mugre y decadencia, surgen amistades, preguntas imposibles de resolver mas urgentes de considerar, momentos de reconocimiento en el que tanto hombres como animales parecen encontrar su contrapunto preciso en el mundo. Wikipedia dice que El viaje del elefante es un cuento de amistad y aventura, y no van del todo mal, pero hay otras cosas.

La más distintiva de todas es el gusto del narrador por meter cizaña, la cual muchas veces proviene de que Saramago no pretende narrar desde el siglo que describe. Su narrador se planta firme en el siglo XXI, y apunta de manera anacrónica y humorística todas las cosas que no comprende o le parecen fáciles de resolver con la tecnología de hoy. Así, por ejemplo, habiendo puentes gigantescos en nuestro tiempo, él no puede comprender cómo es que las personas de antaño arriesgaban sus vidas cruzando pasos montañosos, así que admite su limitación a la hora de imaginar tal paso montañoso —y ya, no los describe. También menciona lo fácil que el viaje hubiera sido en un camión o la importancia de que el escritor de hoy cuente con onomatopeyas que reducen las descripciones innecesarias. Esta es una de las grandes sorpresas que se encontrarán quienes nunca hayan leído al portugués y piensen que, por ser un Grande, un Nobel, es también una completa aburrición.

En fin, si ya han leído algunos de los clásicos más potentes de Saramago —Ensayosobre la ceguera y El evangelio según Jesucristo siendo los más prominentes— y les gustaron, este libro no los decepcionará. Si no les gustaron, puede incluso que este libro los haga reconsiderar, ya que está escrita en un tono impecable y lúcido, pero mucho más ligero que el de sus obras más conocidas. En este aspecto le encuentro similitudes con El hombre duplicado: es una novela que explora el alma humana (y hasta la animal) sin cuartel, sí, pero que lo hace con humor y un guiño juguetón en el ojo. El viaje del elefante fue la penúltima obra de Saramago en vida, y me agrada que tanto éste como el último libro que terminó, Caín, no sean atronadoras en su oscuridad. Me agrada que el incansable viajero y pensador haya encontrado quizá (como su elefante) una cierta paz al final de sus días; la suficiente para simplemente sentarse y escribir una historia que le pareció interesante y convertirla, mediante el puro virtuosismo de sus letras, en un cuento grandioso y entrañable.

“Siempre acabamos llegando a donde nos esperan.”

-Libro de los itinerarios

 Alfaguara: $160
Punto de lectura: $119
Alfaguara (ed. especial ilustrada): $680-$860
Disponible en:
-Gandhi
-El Sótano
-Porrúa
-FCE
-El Péndulo

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